Craziness beyond frontiers

Sunday, June 01, 2008

“O que mais vale a pena é estar vivo”...(*) Four and Endless..


'There are people out there who will not read books, but somehow they'll read my books. They serve them in a way most fiction doesn't. I give them a less filtered form of entertainment. I acknowledge some unacknowledged parts of our lives, which, as a culture, we don't tend to talk about.'
--Chuck Palahniuk

"Writing, then, has become not just a way for Chuck to confront his fears, but a means to escape into a world of play".
"Fright Club", The Observer/Inerview, Sunday, May 8,2005.


E apesar
Do tráfico, do tráfego equívoco,
Do tóxico do trânsito nocivo;
Da droga do indigesto digestivo;
Do cancer vir do cerne do ser vivo;
Da mente, o mal do ente coletivo;
Do sangue, o mal do soropositivo;
E apesar dessas e outras,
O vivo afirma, firme e afirmativo:
“O que mais vale a pena é estar vivo”...


La última vez que estuvimos juntos. Esa vez en que apenas habíamos quedado para tomar un café y de la nada y a partir de un cruce de comentarios triviales terminamos nuevamente en el departamento, no se puede catalogar de otra manera que “memorable”, además de “extremadamente frugal”.

Y es que a más de follar, nos supimos entregar con displicencia el uno al otro en el pasar de las horas. Supimos darnos los tiempos para leer cuentos de Chuck Palahniuk/Error Humano y Juan Martini/Rosario Express, mientras escuchábamos Mithology de Patricia Barber, Cosas Mías, de los Abuelos de la Nada, y también algo de El Azote, banda undergruond de Aguascalientes, y a propòsito tambièn algo de La Revoluciòn de Emiliano Zapata.
Se podría decir que supimos esa vez, ser algo más que dos personas en implícita complicidad para cancelarse el uno al otro recíprocamente en sus soledades.

Afuera, mas visualmente, que otra cosa, ese viernes de finales de Junio se nos iba escapando por los ventanales. Con el correr de las horas, todo se fue desenfocando un poco más, el perfil de los edificios, el imponente perfil cordillerano del fondo, y también el perfil del cuerpo de Sonia.
De mis escritos no hablamos nada, a pesar de que fue el argumento utilizado por Sonia para reencontrarnos. Ya vencidas las lecturas, no teníamos por qué apelar al encendido de esa lamparita de escritorio que desde el piso iluminaba nuestros ires y venires al cuarto de baño contiguo, cuando las necesidades apremiaban.

Ninguno de los dos estaba realmente convencido de tener necesidades. Incluso, nos lo preguntamos el uno al otro repetidas veces: “¿Sonia, necesitas algo?”, “¿Capullìn, se te ofrece algo?, y ambos cada vez, apenas alcanzamos a negar con un gesto, a la manera en que cada uno sabia gestualmente negar con cortesía. Nos dejamos estar el resto de la tarde, irradiados solamente con la incandescencia de las secuencias graficas de la pantalla del Windows Media Player.

En algùn momento, le pedì a Sonia: "A ver borboleta, ¡èchame la suerte!". Ella me hizo un gesto de fastidio, pero se levantò del colchòn resuelta y lanzando una metralla pudorosa: "¡No me mires las nalgas!, ¡sì, tengo estrìas, ¿y què?!, ¿acaso no te enteras que a tì cada dìa se te nota màs lo loco?.

"Bueno, bueno, no te verè las nalgas, anda, èchame la suerte", le repliquè sin ganas. Ella, intentando inùtilmente con la palma de una mano taparse todas los accidentes dermatològicos de la gran topografìa de su culo, - ¡no hay poto que dure cien años! - se agachò contra la pantalla de la laptop para revisar en la atiborrada memoria musical del disco "C" y optar de entre los archivos de la carpeta: "Mùsicas_Holland_'08".

Y ya allì, y desde allì, desramificarse y desramificarse de clikc en click en click hasta llegar a alguna mùsica en la subcarpeta al final del entramado clasificatorio, y luego, darle unos golpecillos al mouse pad, que se traducìan en un trazado loco de la flechita sobre la pantalla y "a la suerte del saltar de las pelotitas dentro de la tòmbola", dar el "lucky ringing bell".

Se volteò a mì preguntàndome: "¿Listo guardanapo?". "Dale gravata", le contestè. Y apretando los pàrpados fuertìsimo, como quien espera el estallido de una olla de presiòn llena de frijoles parados, pero, tambièn delicadamente, tocò el mouse pad, y plin!!!!:

"La ciudad devoradora que canta canciones/a la nena despierta en el balcòn, morirà/yo quiero ver, voy con hambre, voy con prisa.

Ella me espera a la salida para tomarnos un cafè/y meditar sobre pequeños pasatiempos/yo guardo su foto en una caja de fòsforos./Voy vestido de negro a la tierra prometida ..de los ojos brillantes...(Ysi me va bien), prometo casarme con vos...Llovìa en Buenos Aires, la lluvia se hizo en Buenos Aires..."


¡¿Y eso tan "sadomasoporno" que era?!, preguntò Sonia, al finalizar la canciòn.

Yo no conteste, -el adjetivo era robado de un libro de Laiseca, que habìa quedado muy a la vista en los estantes del armario que estaba junto a la puerta -.

Me quedè en la màs còmoda impavidez, cerrè los ojos, sonreì, recordè otras temperaturas en otros tiempos con otros olores, recordè noches irrecordables y volvì a sonreir, quise recordar otras caricias, no pude, solo recordaba algo asì como el color del viento, o el olor de un tiempo ìdo.

...para ese entonces, ya habìa empezado a evocar todos mis recuerdos solo metafòricamente...como retrucàndolos...quizà por aquello de reconstruir otro "self"..uno distinto...sabìa que mi constructo personal estaba cimentado en la "palabra"...que yo vivìa atrapado en el "verbo", y desestructurarse a partir de la ficciòn cimentada en el verbo implicarìa empezar a hablar en otro idioma, lo cual, me hacìa seriamente considerar, viajar en algùn momento a internarme al seno de una tribu centro-africana o amazonica que dialogara en un lenguaje tribal que en nada tendrìa que ver con el lenguaje de mis percepciones aprehendidas, y quedarme allì con ellos hasta poder olvidar totalmente el castellano, el ingles y el poco portuñol que cada dìa me gustaba màs... y solo volver por sì acaso y sì solo sì lograba empezar a pensarlo todo de nuevo en ese otro lenguaje...no, dije mal, no pensar, sobre todo sentir....para ello, era imprescindible ya no generar mas afectos disruptivos de este lado, afectos condenados a ser insalubres despuès de un tiempo, afectos a partir de un self "mal ficcionado"...determinìsticamente enfermo....

....divagaba, deliraba, nada nuevo para mì...quizà sì, quizà cada dìa me parecìa màs a un tipo cada vez màs loco...làstima, loco, pero inocuo, pensè ademàs...excepto para sì mismo, repensè...basta!!!!...ahhh!, basta de pensar!!!, todo un kamikaze...ardiò por fin, el loko kamikaze!!!...tununununtun...

De pronto sentì que Sonia me pellizcaba el antebrazo y la escuchè apuràndome a decirle algo relacionado con la canciòn. Yo simplemente murmurè: "era El Ciclista Sonia". Luego, agreguè, queriendo con ello atajar la siguiente pregunta: "algùn otro dìa te dirè màs".

"El ciclista" repitiò Sonia. "Ok, me quedarè con "the bike rider", suena mejor y ademàs se parece a "the paperback writer"".

"Como quieras pipoca, como quieras", murmurè con un largo suspiro.

Luego me quedè pensando en el pequeño muelle abandonado en el embarcadero de Quilmes y en el Rìo de la Plata, y en que nosotros, Sonia y yo solo eramos "cuerpos flotando a esa hora".

Lo ùltimo que recuerdo es haberme quedado dormido sobre el vientre desnudo de Sonia escuchando un tema de la autorìa de Lenine & Carlos Rennò: "Vivo (*)".

Despertè recièn ya entrada la madrugada, Sonia se habrìa marchado hace mucho rato. Se habìa dejado un arete y el calzòn. Todo estaba bien, nadie dependìa afectivamente de nadie, todos ya, "nos habìamos sacado las madres". Volvì a dormir.

Zè B!!!, Santiago, Marzo 2008.

Vivo

autores: Lenine / Carlos Rennó

Precário, provisorio, perecível/Falível,transitório,transitivo/Efêmero, fugaz e passageiro:/Eis aqui um vivo /Eis aqui um vivo Impuro, imperfeito, impermanente/Incerto, incompleto,
inconstante/
Instavel, variável, defectivo/Eis aqui um vivo/Eis aqui/E apesar/Do tráfico,do tráfego equívoco,/Do tóxico do trânsito nocivo;/Da droga do indigesto digestivo;/Do cancer vir do cerne do ser vivo;/Da mente, o mal do ente coletivo;/Do sangue, o mal do soropositivo;/E apesar dessas e outras,/O vivo afirma, firme e afirmativo:

“O que mais vale a pena é estar vivo”

Não feito, não perfeito, não completo,/Não satisfeito nunca, não contente,/Não acabado, não definitivo:/Eis aqui um vivo/Eis me aqui...


Tuesday, April 01, 2008

Não feito, não perfeito, não completo...(*) Three...



"The first thing we revolutionaries lose is our wives. The last thing we lose is our lives. In between our women and our lives, we lose our freedom, our happiness, our means of living."


Edén Atanacio Pastora Gómez (born in Metapa, Nicaragua - January 22, 1937).

In the years prior to the fall of the Somoza regime, Pastora was the leader of the Southern Front, the largest militia in southern Nicaragua, second only to the FSLN in the north.

Pastora was nicknamed Comandante Cero ("Commander Zero"). His group was the first to call itself "Sandinistas", and was also the first to accept an alliance with the FSLN (Sandinista National Liberation Front), the group that was to become more popularly identified by the name.





Não feito, não perfeito, não completo,
Não satisfeito nunca, não contente,
Não acabado, não definitivo:
Eis aqui um vivo
Eis me aqui...


Fue esta intromisión mía en las curiosidades de su formación académica, lo que gatillò en Sonia, cada vez menos interés por seguirnos descifrando “intercambio secrecional mediante”.


Y, tambièn, cada vez más interés de su parte por las cosas que yo escribía, por la música que yo escuchaba y también por contribuir a que mi hábitat vivencial, pareciera, un tanto menos hostil y desprolijo, y un tanto màs armònico y acogedor.


En las siguientes visitas fuè llegando con provisiones nutricionales màs frugales, y no solo las restringidas al compartir momentáneo. También empezò a llegar con libros. Entre ellos una edición especial, empastada en rústico, muy a la vieja usanza, que compendiaba los cinco textos bíblicos clasificados como “libros poéticos”.


A saber, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Y fuè entonces tambièn cuando emprendiò la tarea recopilatoria de todos mis escritos.


Al principio me los pedìa, y ya después, cuando entendiò, que a mi me daba igual si los tomaba o no, o lo que quisiera hacer con ellos, dejò de pedírmelos y se restringió a andar husmeando entre el desastre ruinoso de mis pertenencias desperdigadas, para encontrarlos y tomar posesión de ellos.


Con los días, Sonia se fue poniendo más distante, si bien, siempre seguía llegando, cada vez conversábamos menos, y follar se convirtió en un evento excepcional.


Nos limitábamos a comer bocadillos y a tomar café, y fumábamos escuchando música.


Sonia, empezó a marcar distancias de proporciones entre nosotros. Si bien no había insistido más en denostar subliminalmente de mi “estilo poético rococó”, sì fue muy sutilmente generando una clara demarcación en lo tocante a nuestras preferencias en propuestas estéticas.





De libros no hablamos nunca. Sonia se limitaba a leer las tapas de lo que ella llamaba “la plebe vernácula y mitológica de los escritores fantasmales”, y que no era otra cosa que el conjunto de novelas de autor contemporáneas, que muy bien, podrían solo estar reservados a “arqueólogos de la literatura suburbana”. Categoría de la cual a mí me enorgullecía formar parte, por cierto.


Orgullo, muy probablemente porque se trataba de autores que no habían terminado de sucumbir en la “desaparición auto forzada”, pero que apenas tenían ediciones de mínimo tiraje circulando por allí, y por consiguiente, tenían también circulando por allí sus mínimas, grandilocuentes muchas veces, biografías literarias en las solapas.


Ese tipo de autor literario, del que no mucho más que lo que escribe puede saberse, pero al cual, se le puede seguir un rastro.


Sonia de su parte leía Best Sellers en Inglés y por supuesto de autores anglosajones, de esos que tienen la cuota justa de misterio, misticismo, esoterismo incluso, y están plagados de personajes sencillos que desenvuelven una trama argumental forzada a la truculencia, y la mayor de parte de las veces escenificada en un resort veraniego.


Pero temáticas, las cuales, - Sonia, se había ocupado en aclararme, varias veces y sin solicitarlo, - estaban exentas de romanticismo, a pesar de su clara intencionalidad mercantilista.


No entendí nunca, las razones insistentes de Sonia por enrostrarme mi irremediable adscripción al romanticismo, pero si, he de reconocer que algunas veces se excedió en referencias.






Como el día en que me dijo que lo suyo iba de escuchar el “Naked Word” de Litto Nebbia, y que lo mìo iba de escuchar el “Toda Canciòn Serà Promesa”, de la colaboración de Nebbia con Mirtha Defilpo.


Otro dìa me dijo que lo mìo era Bill Evans y lo suyo era Miles Davis, o que lo mìo era la Copla y lo de ella el Fado. En fin, toda una sarta de comparaciones inútiles en torno a lo que yo fuì intuyendo como mi “disposición blandengue de espìritu” versus su “resignada aceptación de las circunstancias”.


De cualquier manera, me llamò mucho a la atenciòn que Sonia utilizara tales paràmetros comparativos, pues a decir verdad, era muy difìcil, que antes de conocerme y fuera de mi àmbito habitacional, Sonia, hubiese escuchado, ya no a los jazzy men mencionados, pero lo de Nebbia, me pareciò exacerbado. Siempre me olvidaba de preguntarle, sì de eso, habìa escuchado algo antes.


Pero, ¿por què dudar de la universalidad de la obra de Litto?

Con el pasar de los días, las semanas, y los meses, nuestros encuentros se fueron espaciando cada vez más.



Ya, durante todo Mayo, invierno austral ad-portas, solo nos juntamos una vez, y por casualidad.


Nos encontramos bien entrada la tarde en el kiosco de la esquina. Yo había ido a por un “suplemento especial” del diario, no recuerdo sobre que tema, pero muy probablemente “un suplemento literario”, aunque bien podrìa haberse tratado de un suplemento de "cine independiente kosovar (o armenio)".


Lloviznaba y Sonia me sorprendió por la espalda mientras yo pagaba. Me dio una palmadita en el hombro. Volteé y allí estaba Sonia sonriéndome a labios batientes un rouge violeta, a juego con el violeta de una bufanda de lana que llevaba anudada al cuello. Vestía un cortavientos gris apretado al cuerpo por la cintura con un fajón blanco sintético que trababa sobre su ombligo en una hebilla de fierro en forma de un gran corazón color rosa.



Me pareció una versión de Sonia bastante kitch, que no había visto antes. Debe haber sido que la escenografìa había cambiado con el clima, y con ella el vestuario del personaje.

Ciertamente, yo tampoco le habré parecido como la vez anterior, pues he de reconocer, que ya para ese tiempo, muy a mi involuntaria resignación, había decidido empezar a disfrutar del ocio distendido y displicente de un desempleado, y a falta de alguna nueva “entrevista personal” en vistas de una potencial contratación laboral, había dispuesto rendirme al desaliño mas evidente.


Hacía varias semanas ya que no me afeitaba ni tomaba una ducha, y vestía la misma ropa con que dormía, un viejo pantalón de buzo negro y un poleron gris, ambos de algodón deslavado por el uso. Y llevaba puestas unas pantuflas chinas con estampado perpendicular.


- Vaya, si pareces en el desamparo, mi romanticòn -, fue lo que le alcancé a escuchar.




Sonreí de alegría al volver a verla. Luego, ella sonrió recíprocamente, no se si de contenta, o simplemente por sonreír. Ella compró un atado de cigarrillos, y en el lapso corrido de cinco minutos posteriores al momento en que la quiosquera le diera el cambio, ya estábamos los dos frente a la puerta del departamento y Sonia me apuraba a que abriera, aduciendo que hacía frío y que no disponía de mucho tiempo.


Antes de que terminar de empujar la puerta, Sonia se había sacado ya el cortavientos y la bufanda, y también se había soltado el moño con que llevaba tomado el cabello. Entró con más familiaridad que nunca, y se dejó caer de caderas sobre el colchón inflable.


“Esto huele a humedad encerrada y también un poco a caca”, se quejó.


“¿Has lavado el inodoro capullo?”, preguntó. “No me digas nada”, se contestó ella misma, antes de que yo pudiera articular una respuesta. Luego, se desató con una perorata sobre la directa relación entre las condiciones del entorno íntimo y los estados de ánimo, y también sobre la autoestima y sobre la disposición positiva frente a la vida.



Y, luego dijo algo sobre el Feng Shui y también sobre el decadentismo francés decimonónico, y por supuesto, remató hablando de romanticismo y tuberculosis. Yo permanecí impasible escuchàndola, varias veces intentè interrumpirla, pero no me saliò la voz. Creí que lo más conveniente era dejarle hablar hasta que se cansara, cediéndole así el privilegio de sentirse cómoda tomando el control de la situación.




Por fin, después de haberse sacado, unos botines de cuero y luego las pantimedias negras que llevaba puestas bajo una falda de lino, también negra, y haber empezado a darse masaje en la planta de los pies, me preguntó con avidez:


¿Y?, ¿se ha escrito algo mas durante este tiempo?


A lo que respondí con desdén: “si por escribir entiendes mi secuela inconexa de versificaciones inútiles y desperdigadas, siempre hay algo dentro que hay que vomitar en forma de garabato en cualquier lado”.


“Haces bien”, me interrumpió ella, “haces muy bien, la sangre atorada se engangrena y luego algun grupo celular rebelde puede abrogarse el derecho a hacer metástasis”.


Sonreí con tristeza y contra argumenté: “no creo que sea mi caso, no hay posibilidad de que algo en mí me someta mas a mí mismo que mi totalidad". "El día que orgánicamente algo claudique en mí, será mi cuerpo completo el que se pondrá en huelga”.


“No hay remedio para tu perversión capullo, presupongo que todavía te masturbarás y que al menos en lo que ha tu virilidad concierne, aún no te rindes”.



Sonreí, me levanté del taburete en el cual había permanecido sentado y me dirigí a la cocina, a buscar en la alacena una bolsa de supermercado llena con papeles manuscritos.

Le alcancé la bolsa a Sonia, ella la tomó con un gesto de agradecimiento, la desanudó y metió la mano dentro como para sacar el papelito ganador en esa suerte de tómbola de la fortuna que era la bolsa, repleta con posibilidades del poema “premiado”.


Tocó en suerte una hoja de papel “bond”, tamaño carta, doblada en cuatro partes. Sonia la desdobló y leyó en voz alta para si misma: “Un poema sobre un charco de sangre”. Después de concluir una rápida primera lectura, alzó la vista hacia mí, me miró primero con la extrañeza y la profundidad de alguien quien concluye una lectura y necesita urgentemente conciliar las sensaciones de lo leído con lo que la rodea. O probablemente, verificar en la realidad circundante que lo leído, leído está y en nada se corresponde con el “aquí y ahora” gestàltcio. O como tratando de cancelar en lo circundante cualquier evocación transitoria provocada por lo recién leído.




Luego, apretó fuertemente los párpados al tiempo que se mordiò el labio inferior con "las paletas dentales" superiores, y volteò la cabeza hacia un costado.


Parecía alguien acusando recibo de un desengaño, sufriendo una desilusión inesperada, o simplemente abatido por una noticia confusa.


Le pregunté. “Sonia, querida, ¿te sucede algo?”. Ella me miró nuevamente, con una mirada que presagiaba llanto, y pronto sus ojos dejaron escurrir dos gruesos lagrimones, que rápidamente procedió a secar a manotazos sobre sus mejillas.

Como pudo, se puso de pié, y me abrazó con mucha fuerza. Luego, follamos muy discretamente y sin decir nada, cogiò la bolsa de los poemas, y se marchó.

No creì conveniente mencionarle nada relacionado con mis "investigaciones de campo" de por aquellas madrugadas, en Pio X, entre las esquinas de Av. Holanda y Av. Los Leones. Ni de mi proyecto seudo periodìstico relacionado con ese mundillo "travesti" que estaba visitando, y que me habìa empezado genuinamente a interesar.





Tampoco le dije nada sobre el aviso que habìa puesto en el diario para "escort masculino".


Tampoco le hablè de las traducciones, ni de las clases privadas de matemàticas, menos de las horas extras coordinando la reposiciòn de anaqueles de los Supermercados Montserrat - vaya labor de Capataz esa, mas orientada al control del hurto de mercaderìas -.



Por ùltimo, y no menos importante. No le mostrè la carta del banco notificando el embargo y remate de la hipoteca del departamento. Tampoco le hablè del album fotogràfico digital que habìa emprendido con fotos de "desechos" - latas de tarros de leche en polvo, empaques de barritas de cereal, ese tipo de cosas, huesos de pollo y tales, en fin -.


Ahhh!!!, casi me olvido. En efecto, no me habìa vuelto a parecer apetecible masturbarme.


Pero por esos dìas casi solo escuchaba mùsicas de Samalea y de Kabusacki, porque eran las ùnicas mùsicas que me hacìan dormir. Convidaba cafè por las noches a los porteros del edificio, y los disraìa de las càmaras del circuito cerrado contàndoles de posiciones sexuales impracticables y de historias de las guerrillas urbana en centroamerica en la dècada de los ochentas. En fin, una "sarta de güevadas", pero nos divertìamos mucho.


¡¿Què?!, ¿que què libros leìa?. El Antiguo Testamento, en orden. Mi libro preferido era El Èxodo, quizà porque mi devenir profetizaba un èxodo en sì mismo. Viaje que no habrìa de emprender sin antes no haber concluìdo la lectura completa de "Los Sorias" de Laiseca. Libro este, no sè por què, peremnemente postergado entre mis lecturas. Quizà por su temàtica apocalìptica y porque no querìa que mi animosidad enchufara mucho con esto.



Tambièn leìa y releìa "Comandantes", de Mario Berrìos, y habìa conseguido que Felipe, dueño de la librerìa Ur, especializada en Ciencia Ficciòn, me dejara por unos dìas unos libros de "Antropologìa Marciana". Se los habìa aceptado en prèstamo, solo por cortesìa, y porque me invitaba a cafès por las tardes y porque me parecìa un buen tipo.


Zè Bartlett. - Santiago, Marzo, 2008.




A sus 64 años, arruinado y enfrentado a una vejez en la miseria, Edén Pastora, el legendario comandante Cero, el héroe sandinista reconvertido después en líder de la contra, una mezcla de “Rambo tropicalizado y Che Guevara centroamericano”, como lo definió el diario nicaragüense La Prensa, ha puesto en venta hasta su alma. “Es lo único que me queda”: así reza un anuncio de Pastora que publica desde hace varias semanas El Nuevo Diario de Managua.Pastora sostiene: “A mi edad quiero tener un poco de dinero, que me garantice una ancianidad que no sea miserable. Por eso quiero pescar y quiero los instrumentos para trabajar en la pesca otra vez”. Para lograr este objetivo, Pastora ha vendido “un león de siete meses, muy manso y juguetón. Estaba a punto de amaestrarse y lo peculiar de él era que, como no podía darle de comer, se había hecho vegetariano”. El león vegetariano lo vendió Pastora a una amiga de un circo, que pasó por su casa al enterarse de que el singular ejemplar estaba en venta. Dice Pastora: “Prácticamente lo regalé, porque pedía 3000 dólares y lo vendí a una cirquera en 900”.Pastora adquirió fama mundial en agosto de 1978, cuando la toma del Congreso de la Nicaragua somocista...

La biografía de Pastora parece arrancada de una novela del realismo mágico. Su amigo dice que le conoce 13 hijos, pero Pastora se jacta de que son por lo menos 19, a los que ha reconocido. Su esposa, Yolanda, nunca puso reparos a estos reconocimientos. Cuenta el amigo que Yolanda, enfermera de profesión, ha tenido que ir a Estados Unidos para ganar algún dinero para sostener la economía familiar. Entre los objetos que ofrece en venta Pastora figura un legendario Rolex de oro que perteneció a Somoza y dos anillos de oro con diamantes, regalos del entonces presidente peruanoAlan García y de Torrijos. El Rolex es famoso porque Pastora lo rifó varias veces para financiar sus actividades en la Contra. El ganador de la rifa siempre se lo devolvía...







Photos: Project ISM (I shot myself!!!!), Sex in Art & Google Images.

Impuro, imperfeito, impermanente...(*) Two


Para volver a Artaud, èl escribiò: "Todo verdadero lenguaje es imcomprensible". ¿Es erròneo entonces querer comprender ciertas letras tuyas?
Comprender en esos tèrminos es aislarse sensitivamente. Es como pretender que haya un noticiero que te cuente las noticias de la letra. Ese modo de aprehender las cosas no existe para mì. Y hay zonas que no entendemos bien de nuestro ser, por ejemplo con una poesìa. Cuando te emociona, vos no sos el dueño de la idea que te emociona, ni estàs descifrando el intrìngulis de lo que te emociona.
Ademàs, ese ocultamiento ante la razòn le da el vigor artìstico que debe tener; sì no, no habrìa poesìa. Hay cosas que despuès las podràs explicar en tèrminos màs racionales, pero no entendès exactamente ese momento. Todo lenguaje es incomprensible porque no nos revela sino el ser y el ser es incomprensible, volviendo a Artaud.
"Martropìa - conversaciones con Spinetta", Juan Carlos Diez, pag. 114, Ediciones Aguilar, 2006, Bs. As. - Argentina.

Impuro, imperfeito, impermanente
Incerto, incompleto, inconstante
Instavel, variável, defectivo
Eis aqui um vivo
Eis aqui...

Pasado un tiempo, y ya completado el ciclo de la praxis de la mayoría de los fantaseos sexuales entre dos nuevos amantes, empezamos a charlar más y a follar menos.
Fue entonces cuando ella empezó a preguntar por detalles relacionados a mi condición de vida de por aquellos dìas. Yo, me temo, no sin poder disimular cierto grado de incomodidad ante ese tipo de cuestionamientos , me limitè lo màs que pude a hacer comentarios escuetos, pero que tambièn le prodigaran alguna dosis mìnima de tranquilidad y confianza.
Sonia, de frentòn me hizo saber que no era de su interès o preocupaciòn, el que yo no hiciera "ese algo" que hacen todos los que formalmente contribuyen a elevar el ìndice de empleo y que trasunta una estructurada rutina diaria y tambièn la generaciòn de un ingreso.

De mi parte, hace tiempo ya, que procuraba no hablar mayormente de mì, algo que se solventa muy fàcilmente evadièndose de la presencia de potenciales interlocutores, y que se extrema y se concreta sin dilaciones, tomando posiciòn en la desolaciòn del aislamiento permanente. Pero lo mìo, iba màs allà, al aniquilamiento de la autocavilaciòn redundante y toxicòmana de quien "habla de sì consigo mismo o le habla al mundo desde sì mismo", 24 horas al dìa.
En una segunda proposiciòn de niveles, luego intentarìa pasar al plano del "dejar de pensar en sì mismo". Primero, destruir el sistema de creencias sobre los que se habìa cimentado el "self", cancelar la historia personal, y luego, despercibirse en el momentum respiratorio evidenciado, y vivenciado, aniquilando el "Ego", propender al "estado vegetativo", o màs aùn, al estado "plasma".

Estar frente al espejo del baño viendo el reflejo de los mosaicos de la muralla detràs de la espalda, ser la no-evidencia, vivenciarse anti evidenciàndose.

Canela, la mujer que no me llamarìa màs, habìa sido tozuda con los cariños, incluso al punto, en que genuinamente podrìa haber estado enamorada de mì.

Y tambièn pensar en ella, de alguna forma, era pensar en muchìsimas cosas en las que era urgente dejar de pensar, para abandonar, al menos por un instante, la sensaciòn asfixiante de seguir estando abrazado por el yugo constrictor de la vibora que tambien rayonea en la arena caliente, el epìgrafe, con las fauces envenenadas, y el epílogo, con la ultimas escamas frìas de la cola, de la trama de otra versiòn de "las miserias humanas".

Era preciso, entonces, sacarse las marcas en el area chica, desmarcarse de sì mismo dentro del arco propio, desenmarañarse en el fondo tensado de la red misma donde se penan los autogoles.

¿Còmo traspasar los soportes de esa estructura corporal que solo perceptivamente paraceìa aprisionar ese dolor oblicuo? Y ni siquiera se trataba del andamiaje òseo, sino y sobre todo del colguijo de carnes entre las cuales permanecìa agazapado el horror mismo.

Maniatado en mis absurdos y en mì patetismo evidentes hasta para mì mismo, una tarde entrè a una jugueterìa a preguntar explicitamente si tenìan un trencito a escala.

Y sì, tenìan un ùnico modelo y ademàs era el ultimo de acuerdo con el inventario en pantallas. Era uno de 12,500 pesos - IVA incluìdo -, y 44 piezas. De pista ovalada, de a una pila la locomotora, y de a tres vagones rastreros. El resto de las piezas eran pedestales para señalizaciones y arbolitos, y las señalizaciones y los arbolitos mismos.
Examinè la informaciòn impresa en el exterior de la caja en busca de la informaciòn de los diàmetros màximo y mìnimo de la pista, sin poder encontrarla, y desestimè de mi intencionalidad de compra, aduciendo como excusa la falta de esta informaciòn tècnica.
La dependiente, una vieja con un manicuro siniestro - esmaltadas en verde las cutìculas -, no amagò siquiera en ofrecerme abrir la caja para que nos pudieramos aventurar a un aproximado del dato, lo que facilitò mi salida de la jugueterìa sin remordimientos.

Probablemente solo me interesaba este dato en funciòn de que yo pudiera asentar el culo en el centro de la pista de rielitos sin mayor incomodidad, y asì entregarme al sinsentido vertiginoso del que està atrapado dentro de una ruta que se cancela en sì misma, una y otra vez, sin punto de partida, ni punto de llegada.

Una extrapolaciòn sarcastica a la idea de la òrbita-constrictor que se cancela en sì misma hasta el punto de la autodegluciòn en el epicentro gravitatorio.
El arte, un oximoròn, "un pasaje, un vuelco de los signos, una perpetua inversiòn, un dispositivo que va del - al +, y vuelve", como lo habìa leìdo recièn en "Lo Obsceno" de Corinne Maier.
O mejor aùn, en palabras de Paul Claudel, el arte, que provoca ese inmenso placer para el alma, de "gozar simultàneamente de la permanencia y el movimiento".

"Ficciòn - Realidad", los dos paràmetros extremos de la dialèctica salvìfica de Canela a la hora de rescatarme de los exabruptos conductuales en que sucumbìa de "tanto, tanto, tantìsimo leer"

Antes de Sonia, me habìa cansado ya de recoger pelusas en el parquè, de prender inciensos y velitas dentro de tarritos vacìos de yogur.

Tarritos de yogur de ciruelas, de esos que ayudan a la digestiòn, de esos que empujan el jurel sin sodio casi desde antes de abrir la lata.

Me habìa cansado mucho de mì, mucho màs de lo imaginable, mucho màs allà de la "ficciòn de mì" y de la "difusa realidad de mì".

Me habìa cansado de mantener prendido un celular del que ya no podìa llamar porque el servicio habìa sido suspendido por una supuesta deuda, no confirmada, de màs de siete millones de pesos.

Probablemente lo habìan "clonado", pero, el caso es que me habìa cansado ya, de esperar una llamada que nunca màs llegarìa, la llamada de Canela.

Una llamada inùtil, una llamada que de cualquier manera, no atenderìa. ¡Pato-logìa!

Antes de Sonia, tambièn me habìa pillado, una y otra vez durante las madrugadas, desnudo completamente frente al espejo, pero sin prender la luz, tratando de volver a masturbarme y no pudiendo siquiera alcanzar la pendiente inestable de la mìnima erecciòn, ¿mi imaginario - eròtico al menos -,estaba agotado?

¿Habrìame logrado escabullir de las infundias y las injurias esclavizantes engendradas en la "otredad"?, No, era un asunto de la carne en sì misma, la carne, que de acuerdo con Lacan: "la carne de la que surge todo en lo màs recòndito del misterio, la carne en pleno sufrimiento, informe, cuya propia forma es algo que incluso provoca la angustia".

Una noche, incluso me saquè fotos para un album porno de mì mismo. En este asunto, prefiero no extenderme, pero la siguiente noche, las editè, aplicandole filtros y toda suerte de efectos de distorsiòn. Misteriosamente, en las fotos luzco el pene erecto.

Lo cierto es que Sonia, redondeando, y en los grandes nùmeros, jamás emitió un juicio y supo guardarse alguna opinión que denotara en lo más mínimo intenciones de entrometerse.

Algo que yo valoré en suma, pero que también me dio un poco de pena, pues a todas luces, yo, en la vida de Sonia cumplía solamente alguna función distractiva o la simple materialización de una idea transgresora respecto de una convivencia matrimonial sin punto de retorno.

Antes de Sonia y despuès de Canela, o entre Sonia y Canela, en el cuerpo mismo de la serpiente, estrecho para escurrirse y flexibilizable al punto de expansiòn en el que cabe la presa entera hasta ser engullida totalmente, - al punto de ebulliciòn de la carne por la carne misma - , yo ya habìa comenzado a considerar alternativas extremas para sacudirme la mugre de alguna forma.
Ya se me habìa ocurrido ir una noche a una reuniòn del grupo de terapias colectivas de 12 Pasos, que frecuentaba, y allì provocar. Insultarìa a mis pares, esas bestias conflictuadas, como yo, que seguramente reaccionarìan con la furia necesaria para agarrarme a trompadas hasta lograr detenerme las irrigaciones sanguìneas desde el centro mismo del pecho, y asì dejarme la carne en estado de absoluta masceraciòn. No lo hice, no sè por què, supongo que ¡Gracias a Dios!
Entre el serpenteo de la angustia desesperadante que me consumìa, una noche, soñè con el sueño salvìfico de la gran metàfora, la metàfora del "charco de sangre", la metàfora redentora de sentirse escurrir en sangre hasta los pies, y verse chapoteando impàvido en el charquito cienagoso de los propios coàgulos a medida que iba entrando el sopor, y en cierta medida la paz.
En el sueño persuasivo como ningùn otro, a medida que la carne iba perdiendo sustentaciòn, y se iba poniendo flàcida en las pieles, y lànguida en las tesituras, y al final cedìa, todo se volvìa un escurrir tibio y pegajoso, y todo se volvìa una mancha efervescente que burbujeaba rojiza expandiènose por el piso de parquè en vetas gruesas de contornos imprecisos e impredescibles.
Y entonces, creì entender muy bien: el charco sustentarìa el poema, el poema ascenderìa con un humito, como el ùltimo hàlito que emana y exhala del charco en descomposiciòn hasta transformarse en costra de sangre seca,y el poema habrìa cancelado la carne, y a la conciencia y a la conciencia de la carne, y el poema, olìmpicamente, terminarìa sustentàndose en sì mismo.
Sonia, nunca supo de todas estas divagaciones, muy representativas del estado de situaciòn de las cosas, nunca supo ademàs que Canela se habìa llamado Canela.
Ya en el plano màs pràctico, decidì que una vìa de escape, para mì, y sobre todo para Sonia, o dicho màs propiamente: "para nuestro bien-estar compartido", era no dejarle a ella mucho espacio para sus propias conceptualizaciones en torno a mí.
Del semimutismo evasivo inicial, luego, pasè a responder sus cuestionamientos con acabadìsimas racionalizaciones explicativas, sin el consuelo de las cuales, en otro tiempo, yo habrìa sucumbido, a partir de la subsistencia de mi Ego y de la preservaciòn de mi conciencia de "self" - que por lo demàs era lo que habìa estado intentando logra, sucumbir -.

“Que si, que yo era una especie de “okupa” de mi propio departamento, que el inmueble estaba hipotecado a mi nombre y que no había forma de arrendarlo, y que a mí me venía bien, pues prefería pernoctar allì, en lugar de andar de una en otra pensión”.
“Que si, que buscaba un nuevo trabajo con el ahínco necesario, pero sin la desesperación innecesaria, pues todavía me quedaban dineros de la imdenmizaciòn legal del trabajo anterior”.
“Que total no gastaba mucho”. “Que mayormente me la pasaba leyendo y a veces bosquejando la escritura de algunas cosillas para sacudirme, en la lectura, el polvo de los días inmisericordes de soledad”.
“Que lo mío no iba del afán de que me editaran o publicaran algún día, que pasaba de la participación en concursos literarios”.
“Que tenía, más que predilección, una suerte de debilidad por los autores underground, y que no hacia falta ponerse ni Proustiano ni Joyceano, porque que ellos, los undergroudn, ya se habían tomado la molestia de mamarse todas esas cosas y también la molestia de traducirlas o translucirlas a través de sus propios escritos”.
“Que el celular que siempre estaba cargándose en la cocina y que, en efecto, yo no lo utilizaba, solo estaba operativo para recibir llamadas, por si alguna vez mi anterior pareja osaba enviarme un mensajito de texto, o sucumbía a la debilidad de volver a saber de mí”.
Ante esto ùltimo, Sonia sonrió con piedad y quizá también con una cuota de vehemencia.
“Que no, que los pedazos de papel adosados a las murallas del living del departamento con textos manuscritos de citas de algunos autores que iba leyendo o letras de canciones que me habían parecido especialmente poéticas y reveladoras, no eran más que eso”.
Sonia agregó que le parecían una especie de “citas citables” del Reader’s Digest en el “muro de mis lamentos literarios”.
Esto me pareció especialmente ocurrente y gracioso de su parte. Y si, Sonia intuía bien, que “en el momento en que las iba pegando, es porque me habían parecido esclarecedoras o de relevancia germinal para una idea de texto, pero que al final, quedarían siempre allí, y ninguna cosa más”.
Yo, a mi vez, también quise saber más de Sonia. Tenía un hijo. Esto no necesité preguntárselo pues Sonia era del tipo genérico de mujer que argulle premonitoriamente su condición materna, ante la posibilidad certera de sucumbir en “un puertas afuera”, como diciendo, “sucumbiré a ti, pero solo porque me da la gana, has de saber que sobre mí prima la responsabilidad de mi hijo, más no así el respeto hacia mi marido”.
No pregunté más, luego supe que era un hijo de un embarazo adolescente, previo a sus nupcias oficiales vigentes, y supuse que la conmiseración de su marido para con ella, al desposarla con un vástago previo, era la clave para entender, que más allá de su fastidiosa relación, Sonia se seguía obligando a partir de una especie de “agradecimiento debido”.

Luego extrapolar respecto a subsidios vitales de cualquier otra índole no me pareció de mi competencia. Si, podía deducir, sin una cuota menor de egolatría, que si Sonia se disponía a follar tan bien, y con tanta disposición fuera del lecho conyugal, era porque, al menos, sentía superadas ya, las posibilidades de atención sexual por parte del padrastro de su hijo.
Sonia, en si misma, ya textualizada en un biopic, no era del tipo de mujer que iba muy preocupada de implementar la ornamentación del “patrón” de belleza cosmético, o publicitario.

Ella se sabía una mujer eminentemente “glandular” y “glútea”, y no fingía culpa al respecto de ser tan llamativa a partir de sus dos pares de aditamentos primordiales: dos nalgas y dos tetas desproporcionadas en relación al resto de su figura, y que funcionaban perfectamente en el plano de la incitación de los instintos más básicos.

"Sonia's Flesh", un poema que quizà nunca escribirìa. Y no, "Sonia's Meat". Sonia como la ventana y la puerta de acceso a su templo de carne viva - ¡flesh! -, a la redenciòn del "self" y a la aniquilaciòn del Ego. Canela, como la puerta y la ventana de un templo en ruinas, la carne muerta, las viandas perfectas para nutrirse en el desasosiego, la carne pùtrida, la carne infecta, la carne virulenta, la carne "echada a pèrdida".

Y entre medio, las pinturas de Bacon. Francis pintando con el mismo desparpajo a un crucificado que a una tabla de carnicerìa.

Volviendo "en Sonia", ella no vestía con provocación, le bastaba con ponerse cualquier vestido de corte entero o de dos piezas dejara sospechar en su silueta, los contornos rollizos de su grupa y la perfidia desafiante de sus dos posibilidades de amamantamiento.

De otra parte, a mí en un momento se me puso en la cabeza preguntarle sobre su empleo, sobre los decesos del día, sobre los valores de contratación de los distintos tipos de servicios fúnebres, y sobre los deudos, y su estado anímico cada vez que aparecían por su despacho.

Ella me dejó en claro, por una vez y desde el principio, que no era un empleo de lo más grato o edificante, pero que alguien ciertamente tenía que hacerlo y que el punto de fondo era que de alguna manera todo lo asociado a la “muerte física” era una posibilidad agotada desde la perspectiva literaria de cualquiera.
Me carcajeè socarronamente, debo admitirlo, ante este comentario, pero no dije nada.

Además, agregò Sonia, - con funesta determinaciòn -: "lo tuyo es la displicencia por la vida, y no la inminencia “suficiente” de la muerte".

Esto último me hizo mucho sentido, ciertamente a mí, literariamente me llamaba más a leer, o a escribir, en el caso en que lo hiciera con meridiana disciplina alguna vez, sobre el proceso mismo de estar con vida. Proceso que quizà era el mismo de irse yendo irremediablemente, y con impertinente disposición, hacia la muerte inevitable.

Otra cosa habría sido, siquiera haberme interesado alguna vez sobre las connotaciones de dejarse morir, o siquiera de “darse o dejarse premeditadamente dar un empujoncito” que acelerara el proceso vital.

“Tu eres un romántico a secas, y algunas veces, para peor, a la vieja usanza”, - alcanzó a decir una vez Sonia desnuda, entre los mordiscos, post coitum, que apuradamente le daba a un pastelillo de chocolate con arándonos -.

Esta especie de sentencia me dio para pensar algunas noches, inclusive pensé en desarrollar un argumento convincente que refutara la convicción de Sonia respecto a mi eventual debilidad romántica, pero luego, luego, se me ocurrió que el celular conectado en la cocina me delataba lo suficiente como para no perder el tiempo queriéndome recrear como un “militante de lo fatídico”.

Me consoló pensarme como un escritor “inacabado”. Alguno que no pasa de ser un cronista de los episodios infinitesimalmente irrelevantes de su propia vida, muy probablemente similares a los de la vida de cualquier otro a quien se le hayan ido pasando los días, los meses, y los años, exclusivamente nutriendo “ínfulas”. O articulando un discurso medianamente creíble y decente sobre el mundo y sobre si mismo y sobre si mismo en el mundo.

El discurso que puede llegar a articular un “cretino” cualquiera.
De otra parte, quise saber también, alguna vez, de la “Sonia filológica”, y le pregunté muy discretamente, pero no sin cierta dosis de malicia, si me podía indicar algunas fuentes de estudio sobre “Filología Bíblica”.

Fue la única vez que Sonia prendió un cigarrillo sin antes convidarme, lo cual, no necesariamente habría de traslucir alguna cuota de nerviosismo, pero que si provocó una reacción en ella, para nada disimulada, de mucho fastidio.
Fue también la única vez en que Sonia me increpó directamente y me tildó de “escandalizador” y me recriminó por ese “afán tuyo de llevar las cosas siempre a los extremos”, y luego habló algo acerca de “tu naturaleza intranquila”, y finalmente, cogiò sus cosas apresuradamente y se marchó.

No se habló más del tema, pero la semana siguiente, mientras yo dormitaba una siestecilla al descuido, ella con mucha discreción, sacó de su bolso un papel manuscrito de su puño y letra, y lo pegó en un rincón, aún vacío de una pared.

Yo fingí no enterarme, y solo la escuché decirme: “capullo, que sobre los textos y su contexto, con esto te baste, y ojala le tomes el peso mínimo debido”.
En el papel en cuestión, había escrito Sonia lo siguiente:

“Éxodo 17:14 "Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, ..."
Éxodo 24:4 "Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, ..."
Éxodo 24:7 "Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos"

"En este pasaje encontramos, de manera práctica, el concepto de canon en el sentido de norma, regla, precepto que hay que obedecer" (esto ùltimo subrayado y escrito en lapiz pasta con tinta roja. ¡Color sangre-seca!).

Tuve que reconocer entonces, que Sonia tenía mucho de “certera”, algo no despreciable de “asertiva” y por supuesto una cuota innegable de “infalible”.
No me dì por enterado sobre el sentido subliminal del "mensaje" detràs de "tomarle el peso mìnimo debido" a ese pedazo e papel. Por esos dìas leìa y releìa apasionadamente el poemario "Hombre Muerto", de un Sr. "Esteban Navarro".
Y por esos dìas comencè a utilzar el celular para jugar, Quadrabop - ese el de las moneditas de colores que caen, y recaen -, mientras hacìa mis necesidades fecales. Nunca pasaba de los 6,096 puntos en "nivel 2" a penas, porque al mismo tiempo fumaba.
Era "recomplicado achuntarle" con una sola mano, y luego que sì me descueidaba caìan las cenizas al medio de mis piès, ¡una cagada!

Joe Bartletts...Santiago, Mar. '08
Imàgenes: google!
Guiño poètico febril de ultimo minuto y con muchìsimo, muchìsimo cariño: "Hombre Muerto" @ www.estacionreumen.blogspot.com
The musical muse this time: ¡Patty Barber! - Mythologies, specially: Persephone!!!
Extra Data: "Organismo en el aire" = DIOS!, my Supreme Power!!!!
Note: "Canela" was for real, but absolutely forbidden (forgotten?), so far. Most probably shes watching E! TV & "regaloneando" with her new "pololo's project" (she smells - still - like "teen spirit"). And she has this ring that goes for getting to know how thin or fat she's doing!!!, after all, mom and sista', and "emjei" didn't deserve that kind of gift!!!...a human misery story between one monumental EGO and one that likes to live like feeling dying all the time, a sickman, with many diagnosed diseases, so many, so many!!!...
...domesticar al artista!!!!
Sonia is hanging out some place, I thrully met her at Farmacia Ahumada one morning, but she told me she was happily married, so far!!!!
Ahhhh...the poem!!!???...it is real!!!, want a read it?...
¿que siga?....uhmmmm....mucha sangre ya, ¿o no?...¿y el estado de situaciòn de la carne?...jajaaj...no pasa na'...

Saturday, March 01, 2008

Precário, provisorio, perecível...(*) One..




Satisfacción
(R. Arlt /"El crimen en el barrio", Diario El Mundo, Baires, Enero 25, 1929)
Ese día todo el mundo almuerza satisfecho, con apetito. Cierto es que la sopa está quemada y que la tortilla se pasó, y que las papas del puchero están crudonas; pero nadie repara en el pan habiendo tortas de acontecimiento.
La gente no sabe por qué, pero almuerza, satisfecha, con una cosquilla de alegría hormigueando en el alma; y el almacenero que, por razones de caja, no ha podido dejar el mostrador, estira el pescuezo fuera de la trastienda, o mientras despacha medio kilo de azúcar, sin olvidarse de robar cien gramos, pregunta:
¿Así que le dio veintisiete puñaladas…?
Justitas.
¿Cómo ocurren las cosas, doña! ¿Eh?
Y, así es la vida.
Pero todos están, en el fondo, satisfechos de que así sea la vida;
esa vida que, para ellos, sólo es llevadera por los crímenes que la enrojecen.
Precário, provisorio, perecível
Falível, transitório, transitivo
Efêmero, fugaz e passageiro:
Eis aqui um vivo
Eis aqui um vivo...


Sonia ha dejado olvidadas las bragas y un arete. Como sì no bastara con el fuertìsimo olor a culo y sexo de sus secreciones secas en mi bigote y quizà tambièn en la punta de mi nariz, y màs adentro.

Nada hacìa presagiar que nuestro encuentro de la vìspera habrìa de recalar en los bordes costeros de una noche de desenfreno bucovaginal y fellatios fortuitos. Habìamos quedado apenas para tomar un cafè y releer algunas cosas mìas, escritas de antes y desperdigadas por allì, y que ella, habìa ìdo recopilando con esa fe de curadora literaria empedernida que le inculcaran en la Facultad de Filología.

Y quizá también con la insaciable apetencia fetichista que le caracteriza respecto de otras cosas, además de la literatura. Botellines de agua mineral con sifón, cajetillas de cigarrillos fumados en momentos de particular conmemoración dolora o febril desde el día en que comenzó a fumar o últimos chocolates de alguna caja de chocolates con “connotaciones esenciales”, como decía ella.

A mí, particularmente, he de confesarlo con toda honestidad, ninguno de los poemas, prosemas, o fragmentos de proyectos poéticos, me evocaba alguna circunstancia emocional, o existencial con “connotaciones esenciales”.

Todas esas hojas sueltas, pedazos de servilleta, boletas fiscales o tickets de supermercado, garabateados, y que Sonia había ido atesorando en esa su “carpeta de vestigios de arqueología urbana”, no me parecían otra cosa que una colección de pulsiones frenéticas para ir aniquilando el fastidio, a según el lugar, la hora, y la espera obligada o desobligada de estar en un “allí en ese momento”.
Pero para Sonia, estaba clarísimo, que todos esos restos míos de desdén, tenían algo más que un poco de mi aspaviento y mi desidia por el transcurrir, y juntos, estructurados en un solo cuerpo sin ninguna secuencia ordenada, describían los restos cronológicos de mi devenir poético, y por tanto, merecían ser salvados, sino de las llamas, o de la basura, si del olvido.

Nos vimos la primera vez, en la Farmacia de la esquina.
Yo esperaba con el número del turno en mano, no recuerdo el número ni si había ido a por un desodorante en barra o a por una crema emulsionante que resolviera la condición extra reseca de mis pies, y me evitara la formación de más llagas, y el ardor y la molestia asociados.

Quizá fui a por ambas cosas. Era una tarde calurosa de Febrero con el sol a pleno. De la nada y de pronto, pero también como un presagio o una premonición antigua, Sonia estaba allí de espaldas, frente al mesón, comparando los precios de dos formulaciones del mismo medicamento.

Lucía un vestido azul claro con estampado en motivos floreados, de una sola pieza y llevaba unas sandalias de medio taco que dejaban intuir un reciente pedicuro. No recuerdo mucho más de esa tarde.

Podría, ciertamente, forzar mi memoria al punto de transgredir el límite difuso entre mis percepciones visuales de ese día para llevarlo al lado del imaginario recreativo obligado que ilusoriamente me permitiera la segura sensación de seguir viviendo sobre un trazo continuo.

Prefiero, eficientemnete, quedarme sobre en un punto al medio de esa amalgama de sensaciones vectoriales y aleatorias que incidieron en mì, a la luz de la primera presencia de Sonia, a extremar posiciones en los lìmites en que el exceso de concentración energética resulte desgastante, casi devastador.

Era el tiempo en que Sonia sabía aún serle infiel a su marido, quien no se sabía si también le era infiel a ella, pero quien, sobre todo y a juzgar por las evidencias en el cuerpo y el alma de Sonia, habia aprendido a subyugarla, y de una manera tal, que para ella lo moral ya no reñìa con el derecho a la defensa de la estructura bàsica del "Self".

El tipo era un "maltratador", con el más estricto apego al sinsentido universal del maltrato domestico.

Consumábamos, de común acuerdo y tácitamente, la infidelidad de Sonia en mi departamento, en mi colchón, en mi cuerpo, en mi soledad diurna de desempleado y tránsfuga y desesperanzado de todo.

Era el tiempo en que Sonia, frustrada y postergada en sus intereses genuinos, los literarios, en pos de un emprendimiento matrimonial ya trunco, no sabía si seguir estando o dejarlo todo. Era sobre todo un "tiempo conjetural".

Pero, también era el tiempo en que sabía sacar el mejor provecho de sus ocho horas diurnas de trabajo en el despacho de la oficina comunal de los servicios funerarios de Nuestra Señora del Buen Consejo.

Ocho horas que eran más que una cuartada vital, o que un simulacro, y que significaban una cuota importante de emancipación, no solo del yugo matrimonial, sino de la complicidad con que se estaba entregando voluntariamente a padecerlo.

Ya no solo se trataba de minimizar los tiempos de una convivencia, además de desobligada, también masoquista, además se trataba de vengarlos con creces, incluso con arrogancia pornogràfica, y de la manera màs obscena posible.
Yo de mi parte, no puse ningún empeño en implementar alguna técnica de conquista. Supongo, que había bastado con que yo estuviera allí en el momento justo en que a ella se le caía la bolsa de la farmacia cuando salía apresurada, y entonces haberme agachado atentamente para alcanzársela y también ayudarle a recoger el desparrame, entre el que había un paquete de tampax.

Y supongo, ademàs que la aparición de esos apòsitos o hisopos intravaginales contribuyó a que de entrada entre nosotros se estableciera ese tipo de intimidad cómplice que a otras parejas les toma años compartir.

Sonia, ante mi gesto, entonces, y sin mostrar rubor, no solo se limito al consabido gracias, sino que además, condimentó la situación al punto de darme explicaciones adicionales, solicitando mi comprensión ante las diferentes manifestaciones de la “condición menstruante”, que muy bien podrían incluir un estado de perturbación y contrariedad tal como para que "se le cayeran a uno torpemente las cosas en cualquier parte”.

De allí en más, fue cuestión de saber salir juntos de la farmacia y coincidencialmente seguir caminando juntos, ella en dirección a la cochera que arrendaba en el subterráneo del edificio de departamentos en el cual yo dejaba transcurrir mi existencia por esos días.

Luego, luego pasaban las semanas laborables, y se preveían nuevos insìpidos fines de semana, transcurridos los cuales, cada Lunes a la hora del almuerzo, sonaba el citófono y al atender, la voz, siempre socarrona, del portero del edificio me decía: “está la Señora Sonia acá abajo”, y yo le contestaba: “está bien, que suba”.
Y era cuestión de un par de minutos y era cuestión de mirar por el ojo de la puerta, y era cuestión de verla en el pasillo, con la cabeza gacha y mordiéndose las uñas de la mano derecha.

Muy digna Sonia en su rol, con la serenidad y la soltura de quien asiste con puntualidad y compromiso a su consulta semanal con el analista, o a deshacerse de la sobrecarga de secretos culpògenmos al confesionario del culto que profesa, o a simplemnte a "sacarse la mugre" en un baño turco.

Dignìsima Sonia, aún en plan de “niña buena a punto de cometer una travesura”.

Y luego era cuestión de abrir, de hacerla pasar, de tomar la bolsa con bocadillos que siempre traía consigo, y de verla avanzar hacia el colchón en el medio del living, y de pronto ver su cuerpo nuevamente, desparramado allí, y sus facciones en franca compunción, y su respirar agitado, y compartir esa secuencia de suspiros entrecortados coronada con un largo resoplido de alivio.

Un Lunes más, y antes de yo decir nada, ella disponía verticalmente el índice sobre los labios invitándome a no preguntar cualquier cosa, y yo callaba y me limitaba a sacar los sándwiches, y los pasteles, y los yogures o lo que fuera de la bolsa, y los disponía sobre un taburete, y luego me recostaba a su lado.

Las primeras veces follamos de esa manera displicente pero también desafiante en que se folla cuando aún se cree que se está transgrediendo con irreverencia y de una manera distinta, la misma ley natural, o se está profanando una tumba o se está participando de algún otro tipo de sacrilegio.

De mi parte, debo reconocerlo, por esos días de asueto obligado que a veces parecía, que iban a ser todos los del resto de mi vida, no me venía mal echar ese polvo los mediodìas de cada Lunes, y lo celebraba al principio con la gloriosa sensación de quien se enfiesta en una efeméride.

La espera tampoco me angustiaba particularmente, pues para mí, vivir, era entonces como estar en un tiempo diluido. Un tiempo que a fuerza de fragmentarse entre caminatas erráticas por el barrio, idas y venidas del y al minimarket de la esquina a comprar leche y avena o las consabidas latas de atún en agua, que formaban parte de mi mermada dieta, o quedarme a conversar con el florista de la esquina, o pernoctar tardes enteras en el café de la otra esquina, eran adobadas con la lectura de todos mis “pendientes”.

Libros acumulados en una bodega, y en cuya compra había dilapidado buena parte de los ingresos de mí anterior y último empleo.

La lectura, como condimento permanente, y evento encadenante de esa manera mìa de seguir estando, por entonces, en el mundo. La lectura, que por supuesto, me concedìa el beneficio de esa sensación de continuidad tan necesaria, a veces, para sentirse transcurrir en las cosas, sin importar hacia donde.

Entonces, ya no el polvo en si mismo, sino las visitas de Sonia, empezaron a funcionar como un exabrupto, o una bofetada certera, que marcaba un golpe de vuelta a esa especie de realidad sensacional, también tan necesaria, a veces, para enterarse de las posibilidades y las imposibilidades del estar en las cosas del mundo, y de las implicancias de seguir estando en las cosas del mundo.

Luego, mucho despuès, el uno con el otro y el otro con el uno, nos dejarìamos caer en la trampa de la costumbre, y entonces ya superadas la media docena de Lunes, ambos, sin decírnoslo, pero con esa especie explicitez azarosa del común acuerdo entre dos que presuponen los padecimientos asociados a cualquier rutina, empezarìamos a vernos en secuencias diferentes.

Unas semanas con mayor periodicidad, y otras con menor, pero a según el ánimo o la falta del mismo.

También experimentarìamos nuestras mutuas compañías, quizà en un afàn inutil de desposicionarnos temporalmente, los Martes, los Miércoles y los Jueves.

Nunca los Viernes, porque los Viernes, Sonia y su marido habían convenido "quedar" siempre para juntarse a almorzar por allí....

Sunday, February 03, 2008

Una Chèvre Dans Le Jardin!!!






(Tema 6. - "Emociòn Homicida", Azar 022, 2008)

animados pero suspendidos han quedado
los cuerpos que nos obedecen
simples formas, una letanía de cantos
que llegan del fondo del alma
dicen que todos los días

se abrigarán con el manto de este momento
dicen saber la medida
para entregar y recibir calor o fuego
extraviados en el desatino bailamos

la danza de las agudezas
con afano hemos construído un abrazo
un ídolo de talla gruesa
y sé que todos los días

se abrigarán con el manto de este momento
y sé también la medida
para entregar y recibir calor o fuego



Una Chèvre Dans Le Jardin

Ella, allí, una ubicuidad evocadora,
allí, ella, y todo lo demás desluce,
se carcome o se oxida,
huye la luz, se esfuma el color,
se esparce o se diluye,
no lo sé bien, todo es nada
y la nada confluye en el todo.




De muy poco, valdría abordarla,
- un fiasco y tambièn un fiambre -,
intentar cualquier tipo de aproximación,
enrostrarle al aire su impertinencia,
poner un apòsito al ùltimo remanente de costra.

Ella, el mòvil del crimen de estas palabras,
que se cuecen a toda prisa, pero a fuego lento,
el gèrmen dentro de hueco iridiscente,
que es la pompa de jabòn,
que estalla a velocidad terminal,
en el flujo turbulento de las nucleaciones.


Y no va de conmoverse ni conmiserarse,
y no va de saber más, e intuir menos,
apenas va de la sensación de ella, allí,
haciendo lo que le de la gana, sin más,
y sin misericordia y sin asco.

Ella, allì, un acertijo irresoluble,
la metàfora extrema del alambique,
que aùn gotea sus rebalses,
por los bordes torcidos de una cremallera,
por el canto filoso de una vasija etrusca.



Una ataraxia en el pecho del cangrejo,
el remilgo dentro de un cubito de hielo,
y de cùbito ventral, el pinchazo de su veneno,
y el anatema desde ella que prescribe,
como ùnica medicaciòn cognitiva,
el borde de todos los cadalsos.

¿Donde empieza y
donde termina, ella, allì,
y esa su manera de estar,
tan devastadora y demencial?

Y la lepra aborìgen que se esparce
infesta desde su lomo himenòptero,
y toma por encargo desde los cojones,
al prospecto ingenuo de postillòn.


Y el tiempo de los dìas textuales,
ese tiempo larvado y lascivo,
el tiempo de los eufemismos,
babea espumoso los almohadones,
y se va secando a la intemperie,
en las cornisas del sueño.

Ella, allì, en torno a ella,
el destierro y tambien la hambruna,
y no solo la lepra, tambièn la brucelosis,
y la peste bubònica, y el mal de chagas,
y...la rabia....
y todos los cortes pudrièndose,
en su charcuterìa voluptuosa.

Y las palabras a destajo,
lanzadas como dardos erràticos,
caen de bruces antes de darle alcance,
palabras como saetas ciegas,
en el texto de un cablegrama,
sin consignatario posible.

Y las palabras incriminatorias,
un hervidero de insectos neurastènicos,
que se embuchan unos a otros,
y cuando el ùltimo traga al penùltimo,
a màs no tener que engullir,
por instinto, o por aburrimiento,
erosiona las tripas del poeta.

Y sin embarazo, ella, allì,
sentada sobre la apoteòsis
impasible de su sorna,
rumiando las hortalizas,
y el brote de los capullos.


Y el vergel frenètico,
del poeta castrado,
- con ella o sin ella- ,
se expande en paràmo infecto,
sembrado de ortigas.
en angustiante calma.
Joe Bartlett.
Santiago, Feb. 2008.



Message d'origine de la discussion :
"Une chevre pour mon jardin?????"

Envoyé par douceetbellenuit le 28 avril à 22:45
bonjour,
je me tourne vers vous pour tout dabord avoir votre avis/vos experiences;
nous habitons une maison avec un GRAND jardin et pour gagner du tps,de l'energie et parce

que nous aimons les animaux nous avons penser a prendre une ou deux chevres (naines)
pour mettre ds notre jardin,le soucis c'est que notre jardin n'est pas cloturé,cela nous
obligerer a tenir attachee la chevre a une corde pour que premierement elle ne s'echappe
pas et pour qu'elle ne mange pas TOUT ds le jardin!
mais l'herbe du jardin suffirat il a sa bonne alimentation? et cet hivers elle mangera quoi cette biquette?
enfin voila si vous avez des conseils sur comment rendre une chevre pas trop malheureuse je vous ecoute
a+
merci

Tuesday, January 15, 2008

396 Genes!!!


—El poeta es un ser lúdico, estrafalario, excéntrico, que habla raro, un outsider, como le llaman ahora. La tensión lírica, la ambivalencia, la androginia y la di-versión juegan un rol estelar en su trabajo. El lenguaje es una cosa absolutamente híbrida, yuxtapuesta, llena de dialectos, sonsonetes. Para mí, como poeta coral, recoger toda esta informalidad, estas gramáticas, es súper entretenido en el sentido de creatividad, pero también supone una responsabilidad enorme darle un sentido ético. Algo angustioso, porque en el lenguaje hay una gigantesca fábula autoritaria que Barthes advirtió muy bien: la lengua no es reaccionaria ni progresista; es simplemente fascista: obliga a decir.

-- Bruno Vidal ("Quiero ser el poeta de los victimarios) @
http://www.letras.s5.com/bv060804.htm




Zè, mochilita "Aural" impermeable al hombro, sandalias "Guante" modelo "The Mission" y con amarre de velkro, remera verde-menta a tres botones desde el cuellito, bermudas kaquis con extra bolsillos, reloj pulsera "Pulsar" y 4 pulseritas, dos de acero inoxidable y dos de "cueritos" en la muñeca izquierda, lentes de sol Rayban modelo "RB 3276 006/71" e IPod "clip", cierra con doble llave la puerta del Depto. 814 de Holanda 87, en Providencia y se dispone a tomar el elevador.

Se abre la puerta del elevador del lado derecho, Zè entra, toca a tientas el contenido de los bolsillos de las bermudas, siente la cajetilla de Kent 4 por un lado y el celular por el otro, no se olvidò de nada, tambièn està el manojo de llaves - ese el que tiene una pata de latòn azul, souvenir de Trinidad y Tobago, entre otros llaveros -.

Por supuesto Zè oprime el botòn del piso 1, y se deja caer suavemente con la gravidez hidràulica hiper-amortiguada del mecanismo de descenso.

Se abre la puerta, Zè sale del cubìculo de ascensos/descensos, pasa raudo caminando el vestìbulo del Edificio, saluda al Portero de turno, este voltea la mirada desde la pantalla de los visores de todas las càmaras de monitoreo del perìmetro del edificio, saluda a Zè de vuelta, y discretamente oprime el botòn oculto que opera la apertura electrònica de la hoja izquierda del portal de acceso.

Zè empuja la puerta y camina todo la plazoleta frontal del edificio, y por fin pisa la vereda. Como siempre voltea a la izquierda, camina hacia la esquina de la Farmacia Ahumada por la misma vereda en lugar de cruzar la calle para caminar por la vereda del frente, la del Laverap, que està soleada a esa hora.
Ya en la esquina Zè se saluda con el hombre "con cara de loco" que atiende la floristerìa, pero no solo lo saluda, se acerca afablemente a èl, lo abraza, los dos sonrìen, y Zè discreta y maliciosamente le sobija la tremenda barriga y le pregunta sì esa semana ya le ha enviado el dinero a su mujer - que sì no, nada en su vida tiene sentido -, el florista sonrìe socarronamente y contesta que sì, que esa semana le ha pasado ya diez mil pesos.
Zè cruza la calle hacia el poniente, de su ensimismamiento siempre lo sacan atropelladamente las presencias ambulatorias y fugaces de las mujeres que a esa hora de la tarde caminan por ese fragmento de la Av. Providencia, luciendo sus màs expuestos pero menos indiscretos, atuendos veraniegos.

Zè, no se enchufa el IPod, se entrega a los ruìdos de la calle, no prende aùn un cigarillo, pasa al frente del escaparate de una librerìa "en liquidaciòn por cierre", no entra, ha entrado antes y sabe que ya no queda nada, solo libros de retratos de pin-ups antiguas y algun almanaque de viajes, y tambièn compilatorios de litografìas de Klee.

Zè avanza, pasa al frente del aparador del "All you can eat Japanese", hay parejas en las mesas que dan a la calle en el sector de no-fumadores, no pasa mayor cosa y Zè sigue, pasa por detràs de la estructura metàlica del paradero de microbuses, donde algunas veces toma la 406, o la 406-e, o la 426, para subier a Las Condes. Aùn no es hora de tomarla esa tarde.

Zè llega a la siguiente esquina, la de la boca sur del metro Tobalaba a esa altura de la avenida, espera entonces el "monito verde" del semàforo peatonal para cruzar, y cuando se prende, cruza y ya està nuevamente en la esquina de las mesas de vereda del Cafè Bounaroma.

Zè se sienta, las mozas saben, ya llegaran con un americano con dos sacarinas, un cenicerito de latòn, y un vaso grande de soda - galletitas ya no, Zè hace un tiempo ya, que no las toca -.


Zè prende, ahora sì, un Kent, Zè se enchufa ahora sì, los auriculares del IPod, escucha: "Dale Gracias" en versiòn jazzìstica cantada por Sandra Mihanovich, aparece esa moza menudita de los ojos bonitos, esa que a Zè le parece siempre avergonzada, coloca el tazòn del americano humeante, el cenicerito y el vaso de soda, no sonrìe, apenas saluda, se ve apurada, se va a otras mesas.
Zè està allì, de pierna izquierda cruzada sobre pierna derecha: ha salido esa tarde a dar termino a una condena: 40 años a la sombra prostibularia y casi, casi patibularia.

No han sido nada las condiciones inhòspitas propias del encierro, la dieta de restos de los restos de la carne, la imposibilidad del libre ejercicio al sufragio en todos y cada uno de los paìses con regìmenes democràticos y con partidos socialistas. Durante 40 años de ayuno, "el manjar de la luz le ha estado vedado".
Durante 40 años, ninguna piedra se convirtiò en pan, tampoco Zè tuvo los cojones suficientes para saltar alguna madrugada del 8tvo. piso - diabòlicas, y angustiantes, por convincentes persuasiones no faltaron -.
40 años en los cuales Zè tampoco se rindiò a algùn tipo de mundana adoraciòn - sì acaso, padeciò algunas temporadas de foot fetish y alguna vez declarò borracho que Bolaño era el anti-canon por excelencia. Pero de esto ùltimo nadie se acuerda, porque todos estaban borrachos, y tambièn drogados.
Zè se concentra, cierra los ojos y reza un Dios Te Salve Reina y Madre y se pone la palma de la mano derecha sobre el lado izquierdo de su pecho para sentir los latidos de su corazòn, simultaneamente toma sorbos de su americano y tambièn da pitadas a su cigarrillo.

Zè piensa en el Qi Gong, y en sì alguna vez podrà aprender a practicar esas rutinas de ejercicios de respiraciòn que le induciràn la modorra mental suficiente que le permita fortalecer la energìa interna de su cuerpo y controlar la circulaciòn de su Qi - su esencia vital -.
Zè abre los ojos, termina el rezo y piensa ahora en el Sr. Li Hongzi, Lìder del Falun Gong, y de pronto se siente observado, y piensa que quienes lo observan podrìan ser los Aliens Espaciales de quien habla el Sr. Li. Esos que dice que andan sueltos por allì tratando de reemplazar a los humanos con "clones".
Zè sonrìe levemente para sì mismo, el Sr. Li dice viajar interdimensionalmente y denosta tambièn contra las ciencias, el rock and roll y el homosexualismo.
Li le parece a Zè un personaje propio de la literatura que le gustarìa escribir, ¿què mejor que un chino que desacraliza las enseñanzas de Jesùs y a Budha? Un anti-avatar alucinado.
Luego a Zè le asalta una especie de remordimiento, piensa en Samuel, en Josefat, en Nehamìas, en Esdras, en Daniel, en Ester, en Joel, en Elìas, en Moisès, en Ezequiel, y por supuesto en Jesùs.

Y luego piensa que el Sr. Li, màs bien vendrìa siendo una especie de enviado de Jezabel para el dominio ocultista del mundo. Zè ha pasado 40 años en el inframundo, la verdad, entiende ahora su liberaciòn como la liberaciòn del pueblo de Israel.

De cualquier manera a Zè le gustarìa conocer a alguno de los adeptos al no-culto de Li, esos a los que les ha sido instalada telekinèticamente en los estòmagos la "rueda del Dharma" - ¡una miniatura del cosmos! -.



Zè no sabe por què, debe ser por los diferentes grados de alcalinidad o acidez de las frutas que ha comido para el desayuno, pero tambièn el siente que algo "le da vueltas dento de la guata", y entonces abriga la esperanza que quizà durante la noche a èl mismo le hayan instalado ya, telekinèticamente, su "rueda Dharma".

Zè se toca la panza como haciendo pericias y procura no sentir otra cosa que el efecto de un "golpe gàstrico", pues juzga suficiente que le den vueltas en la cabeza la confusiòn y la contradicciòn infundadas de las ideas del Sr. Li, como para que ademàs le de vueltas un cosmos a escala en la barriga, y al que probablemente haya que digerir completo.

Zè ve pasar ràpidamente todo tipo de vehìculos sobre el asfalto de la avenida y se pregunta sì en verdad siguiendo las enseñanzas del Falun Gong, podrìa detener mentalmente autos, incluso autos de carreras, o al menos una motocicleta de reparto de pizzas.

Zè vuelve sobre sì mismo y piensa que todo esto es un disparate, y muy ràpido la idea se generaliza y lo toma por encargo, y primero piensa que cumplir 40 años de condena tambièn ha sido un disparate, y que entonces su vida entera ha sido un disparate, pero lo piensa con positivista regocijo, porque "un guerrero no detiene jamàs su marcha" y porque "no pretendas brillar con tu historia personal" y sobre todo porque "dale gracias al àngel, por estar cerca de ti".

De cualquier manera, sabe que escribirà algo, cualquier cosa, sobre el Falung Gong, y sobre la "las rueditas de la ley" de Mr. Li.

Y que tambièn pesquisarà màs en la web, y a segùn los enganches, todo seguirà siendo lo suficientemente disparatado, mientras alguno se digna a contratar un buen abogado en Jinzhou, Distrito de Tanghezi, para obtener la libertad condicional de Wei Liping.


Y entonces, Liping podrà viajar de vuelta al cùbiculo No. 234 del Centro de Ingenierìa Ambiental y Ciencias del York Center y continuarà con sus investigaciones y finalmente determinarà todo lo que aùn haga falta acerca de los "396 genes fariseos".
Se desarrollaràn tratamientos de "gratificaciòn inmediata", y ya no habràn màs celdas de màxima seguridad, porque no habràn condenas, ni condenados a 40 años a la "expiaciòn".

De cualquier manera, todo ha sido un disparate, Wei Ling en realidad es adepto al Falung Gong de Mr. Li, - del Falung Gong en descrèdito de las "ciencias, el rock and roll y las mariconadas"-.

Sì, Wei es un impostor y ya le han pillado.
Y entonces otra vez no habrà otra literatura posible que la literatura disparatada de los impostores y los impostados, una literatura criminal, adosada de estudios sobre balìstica, y biometrìas para identificaciòn de huellas digitales, de restos mutilados y restos seminales, de detectives y poetas desaparecidos, de puestas en escena siempre malogradas. Una literatura para "perros romànticos".

¡Una literatura invocando el simulacro de una redenciòn, pero una literatura en precario equilibrio, entre la redenciòn y la catàstrofe!

Una literatura para lectores desprevenidos, ilusos, ingenuos. Lectores de cuentos de hadas escritos por pedòfilos germanos. Lectores como Zè.

40 años no han sido nada, o acaso solo un disparate.
En Neptuno, el verano antàrtico dura 40 años, claro 1 año en Neptuno tiene la duraciòn de 165 años terrestres, y claro, alli el Sol solo ilumina 1/900 partes de la toda la potencia lumìnica con que esa tarde ilumina la sombrilla de la mesa del Cafè Buonaroma en la que Zè se distrae pensando todos estos disparates.

40 años de mortecino y neptuniano verano austral, entonces. Enhorabuena por las luces literarias, màs allà de la sangre y el resto de los fluìdos secretados, y por supuesto, de toda posibilidad de redenciòn.

Científicos chinos identifican 396 genes relacionados con la drogadicción!!!

Lunes 14 de Enero de 2008 00:31 EFE/BEIJING.- Científicos chinos dicen haber identificado 396 genes y cinco "vías biológicas" relacionadas con la adicción a la cocaína, el opio, la nicotina y el alcohol, según informó hoy el diario China Daily.Los hallazgos, por parte de expertos de la Universidad de Pekín, podrían en el futuro servir para diseñar métodos para el tratamiento de la drogadicción o el abuso del alcohol y el tabaco.Wei Liping, responsable del Instituto de Biociencias de la citada universidad, destacó tras anunciar los resultados de las investigaciones que los factores genéticos contribuyen en un 60 por ciento a la vulnerabilidad del ser humano hacia las drogas y otras sustancias adictivas.Las investigaciones del instituto se iniciaron en 2005, con apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, y se basan en estudios publicados en los últimos 30 años, en los que se hallaron más de 2.300 evidencias sobre posible vinculación entre los genes y la adicción.Wei destacó que pese al avance que se ha logrado ya en la identificación de genes "adictos", todavía hay mucho que investigar para desarrollar los tratamientos adecuados. Las autoridades chinas tratan de que todos los drogadictos del país se registren oficialmente como tales, para ser sometidos a tratamientos de rehabilitación.Según cifras oficiales chinas recogidas en 2006, 785.000 drogodependientes viven en el país, de los cuales el 89 por ciento son heroinómanos y, de éstos, el 69 por ciento son menores de 35 años, el 30 por ciento campesinos y el 52 por ciento desempleados. Los drogadictos suponen un 39,3% del total de 144.000 infectados de SIDA y VIH en China.

Liping Wei
Assistant Professor Phone: 973-596-5389Email: liping.wei@njit.edu Dept: Chemistry and Environmental Science - Room: 234 - York Center for Environmental Engineering and Science (YCEES)



Lista de los practicantes de Falun Gong perseguidos en el distrito de Tanghezi, ciudad de Jinzhou

Fábrica de aleación, Nuerhe Textil, y fábrica de maquinaria pesada///
Cuarenta y un practicantes ilegal e injustamente condenados en campos de trabajo
Li Li, Sun Yingli, Wang Shaobing, Lu Shujun, Xu Shucheng, Feng Yunang, Hu Chunsheng, Bai Xiaoming, Li Qingyan, Zheng Yanmei, Wang Yuquan, Wang Fengyun, Zhao Chengjie, Han Qiang, Wang Yuqing, Cao Ce, Chen Zaihua, Jiang Li, Guo Yanhua, Yan Yuchun, Wang Hong, Wang Xiuqin, Yan Li, Wang Wenjun, Yue Xuefeng, Li Yajuan, Zhao Lianxia, Cao Juewen, Jing Cuizhen, Wang Wenjuan , Zhou Lixian, Zhang Jing, Sheng Fuchang, Zhang Xuezhong, Wang Wentao, Huang Cheng, Feng Shudong, Zhang Ren, Li Guilan, Gao Jun, Srta Gao.
Diez practicantes condenados a prisión///
Wang Guixia, Lu Shujun, Zhao Huimin, Gu Wanxian, He Tao, Dou Lanying, Duan Yanli, Zhang Limei, Yue Xuefeng, Wang Wenjun.

Cuarenta y cuatro practicantes detenidos///
Zhu Xiangqin, Pei Yufeng, Qu Ajuan, Gu Hexia, Zhang Xiulan, Shi Zhongyu, Wang Hongge, Zheng Xiujuan, Ma Xiuying, Guan Chun, Zhai Yanchun, Guo Liguang, Cao Liya, Sun Limin, Guan Xingyu, Liu Jing, Dai Lanying, Li Sunuan, Li Hui, Guan Fengyun, Ren Changjiang, Cheng Sazhang, Guo Lin, Wang Lijuan, Bao Changqing, Guo Kunjie, E Likun, Liao Lina, Zhang Guoli, Lu Li, Zhao Xiyun, Li Fuhe, Yan Weijie, Huang Yungui, Jin Dejing, Jin Yuzhen, Zhou Suzhen, Wang Qingyou, maestro Wang.

Doce injustamente encerrados en el centro de detención///
Zhang Po, Wei Liping, You Li, Ju Xiaomei, Diao Shufen, Sun Wei, Ning Shaoyong, Shen Wangliang, Zhao Zhixin, Guo Yanhua, Ma Zhimin, Liu Chuanhua.
Veintiseis condenados a multas arbitrarias///
Li Shuzheng, He Guizhi, Cheng Sazhang, Li Qingyan, Wang Guixia, Ren Changjiang, Wei Liping, Zhang Po, You Li, Ning Shaoyong, Zhao Zhixin, Guo Yanhua, Shen Wanliang, Dao Shufen, Wang Lijuan, Liu Caiyun, Jiao Wanhui, He Guanghua, Huang Yungui, Wang Keyu, Cao Ce, maestro Wang, Sun Yi, Zhou Suzhen, Jin Yunzhen, Jin Dejing.
Practicantes todavía detenidos///
1. Campo de trabajo de Masanjia:Lu Shujun, Zhen Yanmei, Wang Fengyun, Li Yajuan, Guo Yanhua, Yin Yuchun, Wang Hong, Wang Wenjuan.
2. Campo de educación de Jinzhou: Zhang Ren, Cao Ce, Huang Cheng.
3. Prisión Dabei, Shenyang Dabei: Wang Guixia, Zhang Limei, He Tao.
Un practicante muerto de la persecución: Wang Wenjun.
Según estas estadísticas de practicantes que sufren la persecución en un pequeño distrito de una ciudad, no es difícil de estimar cuánto sufre la gente a causa de la persecución a Falun Gong en toda China y cuántas familias indirectamente son afectadas. Fecha de publicación: Sábado 24 de enero, 2004.

Está permitido imprimir y circular todo artículo publicado en Clearharmony, pero le agradeceríamos se sirva indicar la procedencia de su contenido.

http://es.clearharmony.net/articles/200401/2232.html

Notes:
1) As before all images from: sexinart.net
2) Edited while listening: "Rojo" by Baltasar Comotto, only original copy bought @ Zival's - Palermo.

Sunday, January 13, 2008

Extravìos Cardinales...


“Somos ángeles sin un señor (...) Estamos obligados a emitir mensajes cuya obligatoriedad sólo se justifica por su propio curso y su propia progresión”.
Sloterdijk.

“La Divinidad está desmenuzada como un pan y nosotros somos las migajas”.
W. H. Auden



Josuè / melodìas estràbicas.

Josuè, sus ojos pardos, su mirada dispersa, ese mirar vitrio y venusino y de descampado post-diluvio y siempre diluìdo hacia el norte, hacia el poniente, hacia el sur, hacia el marasmo accidentado del extravìo cenital o crepuscular.

Ese mirar insòlito, y a segùn el grado de precisiòn de cada brùjula y la posiciòn axial del resto de la humanidad de Josuè y de la composiciòn relativa de la madeja de ganglios y cartìlagos de Josuè flotando, en la inmanencia de la sustancia universal.

Decir de Josuè, un observador "desorientado", serìa una manera de decir "desafortunada" y una imprudencia irrecusable.

Pero decir de esa manera de estar "desorientada" de Josuè, desde todas sus percepciones visuales, posibles e imposibles, desde su mezcla particularìsima de carbono y de oxìgeno, desde esa convergencia incòmoda que nunca lo eximirìa de incomodar, perturbar incluso, a los que ha osado enfrascar en su mirada estràbica, serìa solamente decir de "el mundo aprehendido por Josuè".


Y aùn, en la mirada onìrica de Josuè, aùn antes del inicio del pre-alfa, Josuè parapetando la mirada en el filo del perfil preciso del corte del horizonte en la planicie màs fina de la idea "terraplen", y Josuè dàndose muy pronto por vencido, màs bien re-signado.

Josuè no ve màs que la pendiente del perfil de su nariz desde la izquierda y la sombra difusa del pelambre que conforma la pestaña superior y la ceja, por el lado derecho.

Y aunque es de todos muy bien sabido, que a màs de 5 metros, el infinito se empieza a percibir como un gran "doblez", Josuè, a partir del primer escupitajo de sì mismo en un espejo, tuvo plena conciencia, que los otros, eran incapaces de mirar como miraba èl.

Y es que Josuè, no serìa màs el "Josuè de los otros" desde la primera reflexiòn de ese espectro de "Dios en Josuè", y que conformarìa todas las imàgenes disruptivas de su ego - ¿èl de Dios?, ¿el de Èl?, - traslapàndose en el tiempo.

"Josuè de DIOS".

Los colores de Josuè son todos "mezclas sustractivas" de "los colores primarios" del "Josuè de los otros".

En esto nada tiene que ver "Josuè el bizcocho", pero Josuè, ademàs, es "daltònico".


Color amarillo: objeto "Josuè".
Color magenta: rayos luminosos de los pigmentos de Josuè que absorven las "longitudes de onda de las luces blancas" y reflejan el "resto de Josuè".
Color verde: retorno de los rayos desde "una imagen virtual de Josuè".

Y Josuè, distingue asì, màs matices de "violeta" que los que podrìan distinguir "los que miran a Josuè", y por supuesto, Josuè, puede distinguir "objetos camuflados".

Josuè nunca fuè Josuè desde el inicio de la proscripciòn de la presencia inmanente del Quantum Primigenio en Josuè.

Josuè, - aun y cuando, todas las cuerdas en la tapa abierta de la caja de resonancia de su piano se le traslapan a la vista, pero, aùn y cuando, percuten con la precisiòn del emboque sonoro de cada martillazo de diseño a todo lo largo de la media cola, - va dejando desvanecerse en el aire, con dactilografìa metronòmica, las estelas sonoras de diversas melodìas.

- Partituras excluìdas, por supuesto, y otra imprudencia irrecusable -.

A veces, a segùn se va viendo Josuè "por dentro", flota una variaciòn intricadìsima de "Helter Skelter" , a veces, simplemente se descapsula con rigor "Pavana para una Infanta Difunta", a veces, se carioquea alguna samba, a veces, se desfigura en clave de free-jazz un ritmo guaranì.

Jossette / arquitecturas paganas.


Jossette, su perfecta manera de estar, desde la altivez de su mirada, tan precisa para destellar en todas direcciones.

Ella, tan "ella", escrutandolo todo.

Y Dios ajusta las manijas de los mecanismos de relojerìa que mueven las poleas y los engranajes del disco aceitado, sobre el que gira cada perìmetro perfecto de la làmpara incandescente que es Jossette "irradiando su luz".

Jossette, un "faro" imprescindible para los navìos fenicios.
Jossette, perfectamente "cuerda" en sì misma y desde sì misma, apostrofando todo para sì entre lapsus y re-lapsus de fugacidad, y en cada flashazo irredento, una perforaciòn làser interdicta que nunca es un parpadeo completo.

Jossette, de "re-ojo", si acaso un leve guiño, que no mitiga la voracidad auscultadora con que engulle todo para diluirlo y ahogarlo en las mareas de las toxinas botulìn¡micas de sus ojos.

Jossette, toda ella un candelabro de "dos luces", engarzado desde la base con fina pedrerìa, alumbrandonos con "su razòn de ser" desde las flamas que arden en las dos piras parapetadas en el extremo superior de sus dos brazos alzados hacia la concavidad del atrio de una catedral.




Jossette, exultante, màrmorea y etèrea, y con la mirada velocìsima y aguda de sus fotopaìnas danzantes, demaquillando, y decolorandolo todo.
¡Jossette!, desnudando hasta nuestras precariedades màs imperceptibles, traspasàndonos para ver la aridez desoladora del vacìo màs allà de todo "punto en fuga".

Jossette, remodelando a escala, y en maquetas primorosamente armadas, y con displicencia y con algo de sorna, todo lo "perfectible" despuès de sometido al cedazo binocular de su mirada "de alcance".

Jossette, arquitectura de sì misma, osadamente imperfectible en sì misma, desde su propia desnudez de cuerpo entero, sin vituallas, sin engarces incluso, detràs del vaho de un espejo de cuerpo entero en el cuarto de baño que la supo saberse por primera vez "Jossette".

Jossette, la de las texturas amabilìsimas y los contornos esculpidos para hacer perder la razòn hasta al màs impasible y pervertido de los voyeuristas.

Jossette, ni estràbica, ni daltònica, eso sì, perfectamente aplicada en sus tratamientos terapeùticos relajantes: hidromasajes y mucha gimnasia.



Josuè y Jossette / la arquitectura estràbica y las melodìas paganas.


- En estrictìsimo rigor, Jossette tiene dos ombligos, y la nariz, a veces muy arriba, casi en la frente, y a veces muy abajo, casi debajo de la boca; su presencia es lo màs carente de simetrìa, no asì es, ciertamente ella, una "proporciòn en sì misma". ¡Ademàs ese color de tez!, ¡con tantas pigmentaciones de camuflaje militar!. ¡Y ese singular matiz violacio en las mejillas cuando se finge pudorosa!

- Amarla serìa un despropòsito de proporciones, serìa como intentar una escala pentatònica en un teclado donde las negras no se dejan atrapar.

- En estrictìsimo rigor, Josuè me provoca una sensaciòn de ausencias, aùn y cuando sepa que es èl, - impàvido ante mi presencia -, quien toca esas dulcìsimas melodìas - ¡y es que en verdad, es un ejecutante emotivìsimo!-. No puedo decir màs, prefiero guàrdarmelo para mì, ¡discreciòn ante lo indescriptible!.

- Amarlo serìa como amar la incompletud en esencia, lo indescifrable, lo irreproducible con mìnima decencia, serìa como intentar ubicuidad para un muro en un plano donde ni siquiera existen referencias topogràficas -. ¡Dios nos libre!




Historia del Siamés
Un gato de estirpe real



Procedente de Siam (actual Tailandia), era considerado un animal sagrado, cuyos dueños eran de sangre real y/o sacerdotes.


El robo de uno de los Gatos Reales de Siam de la Corte Real era castigado con la muerte. En 1884 el Cónsul General Británico en Bangkok -Owen Gould- recibió una pareja de siameses de regalo y éstos fueron exhibidos en Londres, por su hermana, un año después. Poco más tarde llegaron a América.


El Siamés es, quizás, una de las razas de gatos más conocidas a nivel popular. El color del Siamés original era el clásico “seal point” (color foca): puntos castaños y cuerpo color crema cálido. Con el paso del tiempo, los criadores desarrollaron más colores con sus programas de cría, pero llevó mucho tiempo reconocerlos. Recién en 1931 se aceptó el color blue como una variedad más. En los 50s y 60s se aceptaron los colores chocolate y lilac point y, aproximadamente a mediados de los 60s, se aceptaron los tabby points y los red points. Aún hoy, entidades como la CFA (USA) no reconoce otros colores que los clásicos seal, blue, chocolate y lilac.

El siamés original tenía ojos estrábicos y anillas en la cola. El estrabismo y los nudos (kinks) en la cola son considerados hoy faltas graves, pero alguna vez fueron tan comunes que se tejieron toda clase de leyendas alrededor de ellos.

Una leyenda cuenta sobre una valiosa copa perdida y dos gatos Siameses encargados de buscarla. Cuando ellos encontraron la copa, un gato se quedó para cuidarla mientras el otro regresó con las buenas noticias. El gato de guardia, una hembra, estaba tan angustiada de poder extraviarla nuevamente que ciñó su cola herméticamente alrededor de ella y la sostuvo tan firme que su cola se retorció permanentemente. Y todo el tiempo en que estuvo esperando el regreso del otro gato, miró fijamente la copa pues temía que ésta desapareciera y sus ojos quedaron bizcos.

Otra leyenda cuenta sobre una princesa que, cuando tomaba sus baños, temía que le robasen sus anillos y entonces se los confió a su gato Siamés. Ella puso los anillos en la cola del gato pero, cuando el gato se durmió, los anillos se cayeron. Así que la princesa ató un nudo en la cola del gato para que esto nunca pudiera pasar de nuevo.

http://www.pets-show.com.ar/principal/Razas_gatos/raza.asp?idraza=4&pag=historias




LOS MANIFIESTOS DE HUNDERTWASSER.


Hundertwasser (su verdadero nombre era Friedrich Stowasser) nació en Viena, en 1928. Murió en el año 2000. Siguiendo su voluntad, fue enterrado sin un féretro destinado a separarlo de lo tierra. Sobre el suelo de su sepultura, se plantó un árbol. Según su creencia, ahora vive en el árbol que crece sobre el lugar de su regreso a la Gran Madre. Hundertwasser desarrolló su arte en dos dimensiones fundamentales: la pintura y la arquitectura. Su conciencia de ciudadano sensible, lo impulsó a reaccionar contra la asfixia y anemia de la arquitectura funcional, racionalista, de superficies rectas y lisas, huérfanas de toda ornamentación.



Hundertwasser se rebeló contra el funcionalismo arquitectónico de Adolf Loos. Consideró que la arquitectura moderna está enferma, por lo que es necesario curarla. Hundertwasser, el pintor, se reinventó entonces como "médico de la arquitectura". Se opuso con valentía a la corporación de los arquitectos profesionales; remodeló edificios, fábricas, casas, una iglesia; confeccionó multitud de maquetas de edificios a recrear. Antes de la intervención del artista austriaco aquellas edificaciones eran sombríos volúmenes monocromos. Luego, la arquitectura renació con brillo, resplandor y magnetismo. Es el pasaje de las construcciones muertas hacia edificaciones rebosante de salud. Como el toque del rey Midas, todo lo que un verdadero artista toca se convierte en oro. Hundertwasser fue un activo artista alquimista.



En su pintura, predominan las espirales, una arcaica vía simbólica hacia un centro de intensidad sagrada.


....los principales manifiestos de Hunbdertwasser, son los documentos de un artista que, al mejor estilo de las perdidas vanguardias que bregaban por la fusión de arte y vida, hizo de la acción estética una fuerza de transformación y apertura de conciencia, de recuperación de la abundancia creadora. La creadora emanación de la vida que se mueve...




Manifiesto del proyecto arquitectónico para Francfort-Heddernheim (Fragmento)



...5. Tejados totalmente cubiertos de césped para andar y pasear por ellos.
...8. Una salida creativa al punto muerto al que ha llegado la planificación urbana, que sentará un precedente mundial...



...Se trata de reconquistar la dignidad humana en la arquitectura, o, simplemente, reconquistar la dignidad humana. ¿A qué se debe el uso indiscriminado de la regla, si todo el mundo sabe que la línea recta es una quimera cómoda, pero peligrosa, que lleva a la ruina?...


...La arquitectura Bahaus, que está en trasfondo de la arquitectura residencial, puede describirse como fría, carente de emoción, dictatorial, cruel, agresiva, blanda, estéril, austera, fría, prosaica, práctica, anónima y vacía hasta el aburrimiento: la quimera de la funcionalidad...



...El sufrimiento obligado de los habitantes de estas casas dictatoriales forma la base de la miseria general, física y espiritual que sufre nuestra cuivilización occidental, el estado, la naturaleza y nosotros mismos. El arquitecto y el urbanista son hoy, más que nunca, débiles marionetas en manos de clientes sin escrúpulos....

....La utilización ciega, cobarde y estúpida de la línea geométrica recta ha convertido nuestras ciudades en baldíos desolados, desde el punto de vista estético, espiritual y ecológico...
....la línea recta y sus derivados son úlceras cancerosas que envenenan, por igual, la planificación urbana y la salud física....



...Nuestras ciudades son la realización de los caprichos dementes de arquitectos criminales que nunca hicieron el juramento hipocrático de la arquitectura: me niego a construir casas que puedan dañar a la naturaleza y a las personas....


...3. Tolerancia de la vegetación espontánea....


...Necesitamos barreras de bellezas con urgencias. Estas barreras de belleza consisten en irregularidades no reguladas y esta irregularidades no reguladas consisten, bien en vegetación espontánea, o en la creatividad del individuo....

...Los malos tratos mentales infligidos en escuelas construidas al estilo de los campos de concentración exceden, incluso, al castigo físico que estas escuelas representan....


(...) Sólo nosotros hacemos paraísos con nuestra propia creatividad, en armonía con la creatividad libre de la naturaleza....
Viena, 14 de mayo de 1987.


http://www.temakel.com/texolhunderwasser.htm


Sunday, January 06, 2008

El Huèsped Incòmodo...

...èl le habìa hecho el amor como un condenado a muerte...


La tarde de ese dìa, se habìan conocido en un Cafè de terrazas. Ella esperaba a una amiga que luego la llamarìa al mòvil para disculparse, èl leìa "lo que leìa", algùn libro de la serie de bolsillo de Anagrama, quizà una novelita (lumpen) o un Ensayo de Ètica (para naùfragos).

Ella lo mirò primero, "un buen torso, fuerte y musculoso", - pensò -, "facciones magrebìes recièn afeitadas, brazos potentes, todo en armònicas y atlèticas proporciones, un tipo ni verde ni maduro, quizà muy magullado por dentro", - interesante, ¡bien merecerìa la pena averiguarlo! -.
Màs que el impulso natural de su simple curiosidad de pro-madre redentora, ella percibiò dentro de su inconciente insomne una nesecidad en abordarlo.


Reacomodò el cruce de piernas de manera tal que èl al alzar la mirada del libro, no pudiera dejar de tomar en cuenta, primero la presencia de un muslo rollizo y bien depilado, y luego, la presencia entera de ella.


Èl, absorto en la lectura, apenas distraìa movimientos para ponerse y quitarse el cigarrillo de entre los labios, y para evitar tirar el humo sobre el texto. La tarde en ella transcurrìa a la marcha de los sorbos necesarios para vaciar dos tazas de cafè cortado, para èl, a la velocidad de todas las bocanadas para extinguir 5 cigarrillos intermitente y casi sin pausas.


La tarde en derredor de ellos, no transcurrìa, solo colgaba entre bastidores, muy urbanamente, muy humanamente, como transcurren las tardes en los Cafès de terrazas.


Ella estuvo a punto de claudicar al sentirse dormida la pierna bàculo sobre la que se apoyaba la carnaza en exhibiciòn, recordò el subterfugio de correrse màs abajo el escote de la blusa y asì procediò, descruzando las piernas y reacomodàndose el blusòn de manera tal de insinuar todo lo posible las tetas, y ¿por què no?, tambièn desnudar los hombros.


Otros hombres en mesas contiguas, supieron darse por enterados de su presencia, a pesar, de no ser ella, el tipo de chica a la que es inevitable notar sola una tarde en la mesa de un Cafè de terrazas. Ella de los otros, no se diò por enterada completamente, sintiò, eso sì, dos pequeñas puntadas en el vientre, y una incòmoda comezòn en la espalda baja, sensaciones apenas perceptibles que muy luego, y con hondo suspiro que le vino de la nada, se diluyeron.


Algo enfadada consigo misma, cuando se sorprendiò, en un minuto sordo, tan "impertinentemente" vanidosa en su "despropòsito" de ser notada por èl, alzò la mano para hacerle la seña a una moza pidièndo la cuenta.
Mil doscientos pesos y de pronto èl dejò el libro sobre la mesa, abriò la pequeña mochilita de camping que traìa consigo, e inevitablemente entre ademanes, no solo la viò, sino que ademàs hizo una especie de gesto displicente.
-¿Y este, que se habrà creìdo para despreciarme de esta manera? -, fuè la interrogante inevitable para la dolorosa afrenta que transuntaba ese gesto de fastidiosa indiferencia.


La tarde abriò y cerrò los ojos como parpadeandole a la pesadez del calor y el smog, y ella, habìa aprovechado ese parpadeo mortecino para dejar un billete de mil y tres monedas de cien pesos - propina incluìda -,sobre la mesa, y ya estar allì, de piè frente a èl, pidièndole que le obsequiara un cigarrillo.


Èl, en su inmutable actitud de lector inmutable que ya no leìa, le alcanzò los diez cigarrillos que le quedaban a su cajetilla de Kent 4.
-¿Tienes fuego ademàs?, de verdad, disculpa el atrevimiento - le dijo ella, con una risilla nerviosa.



- "El encendedor està dentro de la cajetilla", - mascullò èl como no dàndose por aludido. Luego de prender el cigarrillo y darle la primera pitada, ella estuvo a punto de preguntar cualquier cosa, pero èl antes, imprevistamente le espetò un "sièntate si quieres" que a ella le sonò màs a una orden que a una cordial invitaciòn a departir por el resto de la tarde.

Ella acercò una silla de la mesa contigua y se sentò. Èl prendiò un nuevo cigarrillo y ya los dos fumando, ninguno dijo otra palabra. Èl volviò a su mochila, sacò de ella un freezbee azul de unos 23 cms de diàmetro con el impreso de la marca de una cadena de estaciones de servicio y se lo extendiò a ella. Ella lo tomò y no pudo evitar sonreir.
- ¿Es para mì? -, preguntò ella, y al tiempo se sintiò tontìsima preguntandole.

- Claro, quèdate con èl si te gusta -, dijo èl, y luego agrego: - para que juegen con tu novio a lanzàrselo algùn fin de semana que vayan de paseo a la playa -.


Y cuando ella estuvo a punto de puntualizarle que no tenìa novio, - aunque sì un amante ocasional, otrora simulacro de novio, al que utilizaba como consolador animado para sus masturbaciones instrumentalizadas -, pero desistiò, y apenas le dedicò un educadìsimo: - Gracias, no suelo ir mucho a la playa, ni aùn ahora, en verano -.


- ¿Dònde consigues tostarte los hombros tanto entonces? - , preguntò èl.
- Tampoco los llevo tan tostados, ¿sabes?, pero sì, he contratado una serie de sesiones en el Solarium -, le aclarò.


- Ahhh!, has de tener cuidado con la Tanorexia -, advirtiò èl, y luego agregò: - Tanorexia, ya sabes, adicciòn a llevar la piel bronceada, es muy comùn esa patologìa en lugares como este, donde el verano es un bien temporal tan preciado, por ansiado y fugaz-.


Ella, a pesar de no haberle notado en el habla algùn dejo de acento extranjero, supuso que èl no era un bicho local, pero tampoco se atreviò a confirmarlo, pensò que quizà lo harìa sentirse arrinconado haciendole preguntas màs personales, y en lugar le preguntò: - ¿y què otras cosas llevas en tu mochilita? -.


- Pues mira, no mucho, cosas que me van apareciendo por allì, chucherìas, y tambièn una chaqueta liviana, para cuando màs tarde baje la temperatura, paso muchìsimo tiempo por allì, recoriendo calles -.


Ella, pudo haberle preguntado a continuaciòn, la edad, a què se dedicaba, dònde vivìa, incluso sì tenìa novia, o sì era gay - aunque no lo parecìa -, incluso apenas el nombre, pero se limitò a asentir reflexivamente mientras recorrìa el perìmetro del freezbee sobre sus piernas con las llemas de los dedos ìndice y anular de la mano derecha.


Acabaron los cigarrillos simultàneamente y simultàneamente apagaron las ùltimas brasas sobre el cenicero comùn, los dedos de ambas manos confluyeron allì, hubo un roce, ella sonriò por tercera vez y èl reaccionò instintivamente y la tomò de la muñeca, ella no se inmutò pero sì le clavò la vista en la yugular, èl entonces echò la cabeza hacia atràs como ofrecièndole su manzana de Adàn y como esperando que ella allì mismo le diera un mordisco, pero no, ella, tambièn instintivamente, alzò la otra mano y se la acercò a la cara para recorrerle con los dedos el corte de la mandìbula de la misma manera que antes habìa recorrido el perìmetro del freezbee azul.



Èl se dejò hacer cerrando los ojos, ella lo hizo una y otra vez, detenièndose en los extremos de la cara para apretarle los lòbulos de cada oreja, y no parò hasta sentir un impulso loco y acercarle los dos mismos dedos a la boca, y antes de que ella le empezara a recorrer el perìmetro de los labios, èl reaccionò abrupta y violentamente para atraparselos entre los dientes.

- ¡Ayyy!, ten cuidado que duele! -, gimiò ella -. Èl siguiò apretando y de pronto parò, ella se llevò los dedos casi amoratados a su propia boca para mitigar el dolor lamièndoselos.

- Todo duele -, dijo èl, y prendiò otro cigarrillo. Ella, - nunca supo despuès por què -, se echò a llorar desconsoladamente, èl abriò nuevamente su mochila para sacar un pañuelito desechable y ofrecèrselo.

- Gracias -, dijo ella otra vez, y en lugar de secarse las làgrimas se sacudiò la nariz, èl seguìa fumando y ya no la miraba, primero volteò la cabeza hacia un costado y luego se acurrucò en la silla apoyàndo los codos sobre las rodillas, y bajando la cabeza entre las piernas hacia el suelo.

Ella seguìa llorando y no pudièndose contener puso los mismos dedos, ya màs aliviados sobre el cuello de èl y reiniciò allì sus caricias.

Entre sollozos, le preguntò: - ¿siempre muerdes a la mano que te mima? -.

Èl se incorporò, piteò dos veces seguidas, y entre bocanadas dijo: - siempre he sido un huèsped incòmodo -.

Ella se puso de piè entonces casi de un salto, se colgò el bolso sobre el hombro derecho y se acomodò el freezbee aprisionàndolo bajo la axila izquierda, y ahora, ella, màs suplicando que invitando lo conminò: - ¡vamos! -.


"-.....y me hizo el amor como un condenado a muerte....-", le terminò de decir a la misma amiga que la tarde anterior la habìa dejado plantada en el mismo Cafè de terrazas, y por unos minutos se quedò pensativa, y finalmente dijo: - ¡vamos a la playa el fin de semana que viene!, ¿te gusta jugar a lanzar el freezbee? -.

- No, me bastarìa con que nos tendieramos las tardes enteras a tomar el sol, ¿no te das cuenta lo pàlida que aùn estoy?, ¡y ya se nos consume la segunda semana de Enero!, dijo la otra, y luego agregò: - en todo caso, me gusta màs pelotear con paletas -.

- Bueno -, agrego ella con algo de resentimiento y una pizca de ironìa, - èl me dijo que jugar al freezbee realmente empezaba a tener emociòn cuando las distancias iban in crescendo entre los que lanzan, no creo que tu seas muy diestra recepcionando a màs de dos metros -.

- No realmente, a mì no me van mucho las cosas que no siento al alcance de mis manos, soy mucho de tocar, no podrìa vivir sin regalonear y sentirme regaloneada -, afirmò la amiga.

Y entonces a ella se le vino a la cabeza, pero no recordo muy bien un remanido adagio, que rezaba algo asì como "dejar ir...y saber esperar", y resolviò en que bastarìa con ir ella misma, sola, de paseo por la playa y lanzar el freezbee azul hacia las olas...

"-....el mar, esa còmoda y hospitalaria inmensiadad.... estar entre tus piernas, ese convulso, frugal y efimero hospedaje, esa hosterìa de ruta de todos tus amantes...-", habìa dicho èl, entre muchas otras cosas, màs difìciles de recordar, antes de marcharse.



Writed while listening: "Enfermo" by Open 24....


ellos creen que estoy enfermo,
es mi vida y no pido màs,
de seguir estando asì,
hierve mi cabeza desde que nacì,
yo no busco tus palabras,
ni tampoco tu felicidad,
pasarè mi vida estando asì,
sin salvaciòn de un mundo apostado,
quiero que te olvides quien soy,
quiero olvidarme quien soy...
siempre quisiste cambiarme,
es mi vida y no pido màs,
caminamos sin destino,
reflejos de un instante en la gran ciudad,
el mundo tiembla con vos,
un mazo de cartas rotas,
el puente se alarga,
mi cabeza està muy lejos...
quiero que te olvides quien soy,
quiero olvidarme quien soy..



Psicoanálisis: Significado de soñar con Hostería, sueño con Hostería, sueños de Hostería.

La hostería es signo de casamiento; indica asimismo todo lo que se presta para ser alquilado tanto casas como animales.

Alojarse un enfermo en una hostería, es señal de su muerte; puede ser todo lo contrario o sea su total curación, alegría, seguridad para su cura, una residencia feliz durante su estada en la vigilia.
El que sueña hospedarse en una hostería si es casado, tendrá un hijo varón, si es descarriado volverá a su fe y al buen camino.

Entrar en una hostería desconocida es señal de viaje, o que representa la vida misma que es una casa de hospedaje transitorio. Asimismo se interpreta por la necrópolis.







...un poco de historia: nuestro nombre en castellano significa" Hostería del Corazón" y en italiano su significado es "La Hostería Predilecta".Es un lugar donde tendrá un punto de referencia turístico en Bariloche...un lugar para recomendar y volver a disfrutar en cada regreso a nuestra zona.
In English it means "Hosteria (Inn) of the Heart", in italian "Hosteria of your choice". We hope that it will be your tourist reference in Bariloche. The place where coming back is a must, and that you can talk about to your relatives and friends.
Photos:
Sketched & edited while listening: "Los Orfebres"..by Pez, what a band!!!, & about to catch another flight hopefully back to whatever Hosterias of the Heart some unconfortable traveler may find down there....kisses and hugs to all J.B's female readers on top and over the ball....
PD: "Come as you are" in Pink Freud's version is really a must...